TAXI DRIVER (1976)
Martin Scorsese (Nueva York, 1942)
Esta es la historia de un hombre enfermo de soledad; o lo que es lo
mismo, de cómo se puede vivir patológicamente solo. Encerrado en ese ataúd de
chapa y pintura amarilla que es el taxi, un insomne Travis deambula, vagabundea
por las noches sórdidas y deprimentes de la Nueva York de los años setenta.
Observa a través de las lunas del coche a los variopintos personajes que
habitan la selva nocturna. “Algún día vendrá lluvia de verdad y hará
desaparecer toda esta escoria de las calles”.
Frustrado por no poder hacer nada, intenta integrarse en la sociedad
cuando conoce a Betsy, una preciosa mujer que colabora en una campaña política
y que parece no pertenecer a este submundo oscuro y degradado, siempre según su
punto de vista. Pero él ya está descartado, es un perdedor, un outsider
que carece de habilidades sociales. Su incapacidad y torpeza para relacionarse
con los demás, hará que Betsy huya despavorida de él. Este hecho junto con el encuentro con un
singular personaje que fantasea con la idea de matar a su mujer porque le es
infiel, supondrán un punto de inflexión en la vida de Travis. Su cerebro
cortocircuita, se hace con un arsenal de pistolas, prepara su cuerpo y planea
asesinar al candidato a la presidencia, “he aquí un hombre que no estaba
dispuesto a seguir aguantando”. Cuando fracasa en su intento, su única
esperanza será la de rescatar del pozo a Iris, una prostituta menor de edad y
para ello, emprende una odisea que acabará en un baño de sangre. Irónicamente, el
antihéroe se convertirá en un héroe, un triunfo que no buscaba.
La idea de llevar el guión de Paul Schrader a la gran pantalla fue algo
que le salió “del corazón” a Martin Socorsese; al leerlo, le impactó. Ese guión
había salido de las entrañas de Schrader. Hasta entonces, Scorsese había sido
un director poco destacable (aunque había rodado ya Malas calles). Con
un presupuesto muy ajustado, y la idea fijada de que la película debía rodarse
en Nueva York, se llevó a cabo el proyecto. Se pensó en otros actores como
Dustin Hoffman, pero finalmente fue Robert de Niro, que ya había rodado El
padrino, el que se encargaría de dar vida a Travis Bickle. En principio, no
creían mucho en el éxito comercial de la cinta.
La visión de Schrader es la del propio Travis, todo lo que vemos en la
película lo vemos a través de su mirada, hacemos ese viaje con él. De esta
manera, te guste más o te guste menos el personaje, hace que te intereses por
él y sobre todo te preguntes: ¿qué pasa por su cabeza?
Taxi Driver, supuso una nueva forma de hacer cine, un cine más visual
que tanto caracterizaría el universo Scorsese. Y aunque tiene elementos del
cine negro (esa oscuridad, ese mundo sórdido, esa voz en off), la película es
un drama personal. La forma de enfocar las escenas y mover la cámara, nos
remite a directores como Hitchcock o, como según el propio Scorsese afirma, a
directores europeos, específicamente a Godard.
Schrader compuso un personaje con una precisión psicológica increíble. Travis
es un solitario, un excluido, un loser. Alucinación, paranoia y realidad
se confunden en su cabeza (le vemos tomar pastillas una y otra vez). Vive en un
aislamiento absoluto. Tiene un insomnio incurable que le hace trabajar de noche
como taxista; y hacerlo en ciertos lugares, es vivir al límite. Travis no se
adapta al mundo, y si lo hace, su adaptación es nefasta. Su amarga soledad hace
que no quiera lo que tiene y que quiera lo que no tiene. Hay algo psicótico u
obsesivo en esa búsqueda que realiza, una violencia reprimida y patológica que
crece y explota de una manera funesta al final.
Robert de Niro supo interpretar todo esto perfectamente. En una
composición admirable e inolvidable, esta bestia parda de la interpretación se
mimetiza con el personaje de tal manera, que es imposible ver a Travis en otro
actor. Una mirada, una media sonrisa, un mínimo gesto le sirven para que su
mundo nos impacte y nos golpee. Como si nada, a base de freses cortas y a medio
terminar, repeticiones y exclamaciones, Robert de Niro se convierte en Travis. Y
aunque el personal tenga en la mente esa mítica escena de un Travis tocado
frente al espejo desafiándose a sí mismo: “Are you talking to me?”, el
personaje es mucho más. De Niro hará que su personaje nos emocione, nos asuste
y también nos confunda. Vive en un precario equilibrio e intuimos que está a
punto de caer. Es una lastima que en los
últimos tiempos no estemos viendo a este actor en su esplendor, tanto por sus
interpretaciones como por las películas que elige.
También hay que destacar a la niña Jodie Foster en el papel de
prostituta, que sorprende con su desenvoltura y que ya presagiaba algo más que
interesante. Cybill Shepherd encaja a la perfección en ese papel de bella mujer
a la luz de la luna. Y el propio Martin Socorsese hace un cameo en
un papel peculiar y extraño encarnando a un marido despechado y lenguaraz.
Mientras nuestro protagonista vive las horas nocturnas y deprimentes de
Nueva York, acosada por el crimen, repleta de criaturas de la noche y cines
porno, suena un precioso jazz melancólico compuesto por Bernard Herrmann. Esa
música nostálgica, permutará de manera brusca en un caos de trombones y
tambores, coincidiendo con los momentos álgidos de violencia y soledad que vive
Travis.
Hay muchas cosas que decir de esta impresionante película, pero para eso
necesitaríamos un blog casi en exclusiva para ella. Pero no quiero dejar de mencionar que
seguramente supuso el despegue de uno de los mejores directores que ha parido este
arte (y no solo por sus películas sobre mafias y gangsters, su filmografía
tiene obras increíbles) y también el nacimiento de un tandem (el de
Socorsese-De Niro) que ha dado muestras del cine más brillante.
P.D.: sé que no siempre es posible, pero si alguien decide ver esta
película, le recomiendo que lo haga en versión original (como todas, por otra
parte).
Trailer de la película:

















