miércoles, 20 de septiembre de 2017

CINE: METRÓPOLIS de FRITZ LANG


Fritz Lang fue un excelente director de origen austriaco que pasó por varias etapas en su cine, desde el mudo al sonoro. Hoy con Metrópolis inicio un pequeño ciclo para comentar tres de sus películas más representativas en distintas épocas.






METRÓPOLIS (1927)

Fritz Lang (Viena, 1890- California, 1976)

 El director de cine austriaco Fritz Lang tiene una variada y prolífica carrera en el cine. Comenzó con sus inicios en el cine mudo y su etapa expresionista, y terminó siendo uno de los directores principales del cine negro norteamericano de los años cuarenta-cincuenta. A pesar de esta aparente ruptura en su cine, Lang siempre intentó plasmar un tema recurrente en sus historias independientemente de su género: el individuo que es amenazado por fuerzas, poderes o sociedades secretas que le persiguen y a las que tiene que sobrevivir.


Tras Las tres luces y El doctor Mabuse, Fritz Lang rueda junto a su mujer, Thea von Harbour, su obra mas representativa de la etapa expresionista alemana: Metrópolis; un rodaje de diecisiete meses y uno de los proyectos más caros del estudio alemán UFA con un presupuesto de ocho millones de marcos. Aunque la película está ambientada en el año 2.000 y se encuadra dentro del género de la ciencia ficción, tiene como trasfondo la desigualdad de clases, una crítica a la alienación del ser humano que suponía el trabajo con máquinas desde la Revolución Industrial, y la explotación casi esclavista de las personas que vivían hacinadas y apartadas. En la cinta esto se traduce en “La ciudad de los obreros” que está ubicada en el subsuelo o catacumbas de la metrópolis. Los ricos viven en la superficie y tienen una vida plácida en los llamados “Jardines eternos”. Un día, Freder, el hijo del dueño, se enamora de una mujer pobre que está rodeada de niños hambrientos. La persigue hasta las cloacas donde se da cuenta del sufrimiento al que están sometidos los trabajadores que son animados por la mujer de la que se ha enamorado, María, en reuniones secretas. Esta especie de “santa” insta a los desesperados a que esperen al mediador que les salvará de su desolación.


El padre de Freder, sospechando que hay una revolución en marcha, encarga a un inventor la realización de un ser-máquina o androide con el rostro de María para que siembre la discordia entre los obreros. Finalmente el caos se adueña de la ciudad y “La ciudad de los obreros” sufre una inundación. Freder y la verdadera María logran evitar el desastre rescatando a todos los niños de la catástrofe. El happy end es muy simplista: el padre de Freder entra en razón y ofrece su mano a los trabajadores para lograr un entendimiento. Esta ambigüedad en el final se puede deber a los distintas ideologías que profesaba el matrimonio artífice del guión (Fritz Lang con unas ideas de izquierdas, huyó de la Alemania nazi y después fue objetivo de la Caza de Brujas provocada por el senador MacCarthy hacia sospechosos comunistas, sin embargo su esposa, Thea Von Harbou, se quedó en Alemania y colaboró con los nazis).



Las interpretaciones son bastante excesivas (sobre todo la del actor protagonista, Gustav Fröhlich)  o exageradas, encantadoramente exageradas diría yo, y que eran típicas en el cine mudo en un intento de suplir la falta de sonido con expresividad. Pero hay que subrayar algunas fascinantes como la del inventor, Rudolf Klein-Rogge, la del dueño de la ciudad, Alfred Abel, o la de la maravillosa protagonista principal, Brigitte Helm, en su doble papel de santa justiciera y de androide-fatal.


Aunque la versión corta fue la más conocida, hoy en día ha sido restaurada gracias a una copia encontrada en Argentina y llega casi a las dos horas y media de duración (es la que más se acerca a la visión que tenía inicialmente Fritz Lang).

La película mezcla elementos del futuro con otros medievales o de la antigüedad (quema en la pira, el antiguo dios Moloch, etc). Los escenarios son espectaculares para la época con momentos impresionantes, como el de la inundación. También es de subrayar la cantidad de extras que intervinieron y que se mueven en una coreografía perfecta en sus jornadas laborales, diarias e interminables.



Una cinta muy polémica en su época, con ciertas dosis de sexualidad y violencia que fue un fracaso comercial, pero que hoy en día es un redescubrimiento insólito. Una película muy visual que cuenta con imágenes muy potentes. Hay que valorar de nuevo las intenciones y los grandiosos esfuerzos de aquellas personas por hacer ilusión y magia de ese cine en sus inicios y además conseguirlo. Un filme con una factura impecable y revolucionaria en muchos aspectos.

TRAILER de la película:


viernes, 15 de septiembre de 2017

RELATO: NADA








Deberías apagar la televisión, sí deberías. Llevas como una media hora frente a ella sin ni siquiera observar las imágenes, y mucho menos sin escuchar lo que se masculla en sus entrañas. Realmente no te interesa, estás tirada en el sofá, malgastando el tiempo. La casa está hecha una mierda hace días, pero ni eso va a hacer que te levantes para seguir con el biorritmo que te marca la vida: lunes polvo, miércoles lavadora, viernes barrer y fregar el suelo, y tal. Hoy es lunes, así que una segunda capa de polvo se irá depositando encima de la primera y entonces sí, el musgo blanquecino irá inmiscuyéndose entre los libros, figuritas y demás cachivaches. También te dijiste a ti misma a comienzo de año, que después de la jornada laboral, irías a dar un paseo por la playa con el perro; ese mismo que está ahora tumbado como un ceporro en su mantita adornada con huesos de colores, moviendo las orejas y emitiendo balbuceos a consecuencia de sus transcendentes sueños perrunos.

Empiezas a hacer dibujitos imaginarios con el papel de la pared, entrecierras los ojos y sigues con un dedo los arabescos. No te habías dado cuenta hasta ahora, pero entre dos flores se puede ver un pájaro de perfil perfectamente, con su ojo y su pico, aunque le faltan las patas ¿o garras? Imaginas que les perfilas unas, primero el rabito vertical y luego tres rayitas saliendo de él, el típico pie de pájaro.

De pronto te fijas en tu postura en el sofá. Te has dejado caer y estás tirada tal cual has caído, una pierna flexionada con el pie apoyado en el suelo, la otra pierna sobre el chaise longue, la espalda en una curvatura extraña por el cojín que tiene debajo y la cabeza apoyada contra el respaldo; una posición muy proclive para contracturas. Sonríes, ¿una contractura más? Al menos estás relativamente relajada.

En un momento dado solo escuchas dos respiraciones: la tuya y la del perro. Parecen acompasadas, primero inspira él y luego tú, están sincronizadas en un ritmo perfecto.

Tus pensamientos van a lo supuestamente capital: has cavilado durante dos segundos que podrías llamarle, que podrías volver a disculparte por algo que no sabes muy bien qué es, ¿tu forma de ser? Decirle que todo va a ser como antes, que le quieres, que le amas con todo tu ser, que esas historias son cosas del pasado. En ese tiempo mínimo, realmente has imaginado que puede suceder, que todo puede cambiar a mejor, que solo hay que proponérselo.

Y una mierda…

No le llamarás, no te disculparás, no le dirás que todo va a ser como antes, no le dirás que le quieres, sencillamente porque es imposible. En ese momento podría estar coqueteando de nuevo con su compañera de trabajo, esa de la que habla maravillas; ni siquiera disimula, joder. E incluso todo podría ir aún más lejos. Después de una mirada cómplice podrían estar esperándose el uno al otro a la salida del trabajo, cogerían juntos el coche de él, no el de ella, es más seguro. Podrían ir a un hotel con esa batalla de sentimientos en los que ganaría por fin las ganas, la excitación, el sentir de nuevo “eso”. Pasarían la tarde juntos en una cama desconocida que en nada les recordaría a sus rutinarias vidas. Después saldrían de allí con prisas, con esa mezcla de confusión e irrealidad que da hacer algo supuestamente prohibido.

Te lo imaginas todo, incluso con detalles, te dices a ti misma si no será algo morboso e incluso retorcido. Pero lo que te ha hecho llegar a esa situación, a esos pensamientos que podrían calificarse de perturbadores, ha sido precisamente tu falta de sentimientos, esos que en otro momento se habrían transformado en odio y resentimiento, hoy ni siquiera te producen una ligera turbación.

Y sigues tumbada en la misma posición. Y sigues mirando la pared como si nada. Y sonríes incluso ante la nueva postura del perro boca arriba con las patas encogidas. Está cómodo. Tú también estás cómoda. Y sonríes ante esta nueva realidad. Y piensas de nuevo en él (por si acaso). Quieres sentir algo, aunque sea algo malo, pero es que ya no te importa. Realmente no te importa nada.


martes, 12 de septiembre de 2017

LIBROS: ÍCARO (Deon Meyer) e INTRUSIÓN (Tana French)


Hoy os dejo el comentario de dos novelas negras que me han gustado bastante. En ellas (como suele ocurrir en las buenas historias de detectives) el caso es importante, pero lo que ocurre alrededor, como el ambiente y los personajes, puede llegar a ser más atractivo si cabe.



ÍCARO (2016)

Deon Meyer (Sudáfrica, 1958)



Según la mitología griega Dédalo intento escapar de la isla de Creta y para ello construyó unas alas de plumas y cera para él y para su hijo Ícaro. Dédalo enseñó a su hijo cómo volar y le advirtió que no lo hiciera cerca del sol ni del agua para no echar a perder sus alas. Pero Ícaro quiso volar demasiado alto, a la altura del sol y entonces sus alas se quemaron…

Deon Meyer es un periodista sudafricano que abandonó su carrera para dedicarse a la literatura negra. Sus tramas están ambientadas en este país marcado por un pasado reciente convulso y están escritas originariamente en africaner, pero han tenido tanto éxito que han sido traducidos a varios idiomas, e incluso alguna novela suya ha sido llevada al cine.



Sus libros están protagonizadas por el detective Benny Griessel, un alcohólico que es incapaz de dejar la bebida, y por su compañero Vaugn Cupido, más centrado y sereno (al menos en esta entrega). En este caso tendrán que descubrir al asesino del dueño de una empresa online dedicada a fabricar coartadas para situaciones de infidelidades en un matrimonio. El tema es escabroso porque hay gente importante que acudía a estos servicios y además la trama parece complicarse por momentos ya que paralelamente también conoceremos la historia de una familia metida en el negocio bodeguero del vino que a priori no tiene nada que ver con el asesinato del empresario.

El eje central de la novela es la ambición desmedida, la avaricia y todo lo que un hombre está dispuesto a hacer para lograr sus metas entre una maraña de negocios turbulentos e impudicia. El retrato psicológico que el escritor hace de los personajes es otra de las bazas principales de la novela. Se establece un equilibrio perfecto entre narración principal y vida personal de los investigadores que hacen de la novela una historia redonda escrita de manera fluida, eficaz, intrigante y en momentos emotiva.



INTRUSIÓN (2017)

Tana French (Vermot, EEUU, 1973)



A muchos les asaltará más de una duda a la hora de decidirse por leer este tochaco de la escritora estadounidense afincada en Irlanda, Tana French. Y es que uno puede imaginarse muchas cosas al observar las más de quinientas páginas (de letra tirando a pequeña): trama demasiado compleja con muchos personajes, mucha paja que sobra, giros sin parar etc. No es este el caso.


La joven Aislinn Murray aparece asesinada en su propio apartamento  y en principio todo apunta a lo que parece ser un caso de violencia de género con el novio de la víctima como asesino. La detective Antoinette Conway y su compañero Steven Moran encuentran indicios que les llevarán por otros derroteros y seguirán otras pistas a pesar de que en su brigada todos parecen interesados en que cierren el caso de forma prematura y de que se acuse al novio cuanto antes.

Tana French nos va desgranando casi minuto a minuto, o secuencia a secuencia, una trama de manera tan minuciosa y detallista, que parece que estamos asistiendo en vivo y en directo a una película que pasa delante de nuestros ojos. Las disquisiciones entre los personajes se describen a través de diálogos rápidos y entretenidos, pero con todo lujo de aclaraciones. Los interrogatorios son pequeñas historias en sí mismas con su inicio, nudo y desenlace y están impregnados de una tensión y suspense atractivamente desasosegantes.

El personaje principal es muy jugoso, atípico en este tipo de novelas: mujer guerrillera, sometida a un acoso laboral por sus compañeros masculinos de trabajo, borde, antipática e insensible en muchas ocasiones, a veces cuesta empatizar con ella. Y es que tiene tal coraza ante el mundo, que todos los dardos que la realidad le lanza resbalan por ella de una manera turbadora.

Un humor a veces muy negro, y sobre todo una ironía implacable recorren la novela de principio a fin. Un ambiente que a algunos puede saturar pero que a mí personalmente me encanta.

jueves, 7 de septiembre de 2017

RELATO: MI VIEJO

Saludos a todos. Ya estamos de nuevo por aquí. Con un poco de tontuna y las meninges adormiladas de mucho leer y poco escribir, espero ir incorporándome poco a poco al universo bloguero.
De momento, os dejo el primer relato de la temporada.
Espero que os guste.



MI VIEJO

Mi viejo soñaba con atardeceres en la bahía. Con el sol convirtiéndose en luna por mediación divina. ¿Hubo un tiempo en que los confundiría realmente? Nunca me lo afirmó ni me lo desmintió. Pero a él le daba igual la realidad, lo que le interesaba pasaba en su cabeza: el sol transformándose en luna, el hombre que pasa a ser mujer por la noche. “Las mujeres de mi tiempo eran las dueñas de la oscuridad” contaba. “Tuvieron que vivir en ella mucho tiempo, así que no tuvieron más remedio que moldearla y utilizarla a su antojo”. “Los fantasmas que veíamos los niños a medianoche eran siempre mujeres”. Era un romántico, mi viejo.

Cultivaba a destiempo una huerta a las afueras del pueblo con una parsimonia común en la gente de su edad: “Este verano no han salido las patatas” meneaba la cabeza sorprendido. “Será porque las plantaste demasiado pronto” le decía su mujer, “y se te han helado”, a lo que él respondía con una mirada incrédula de ojos vidriosos y tiernos. Ella, desarmada, le daba un beso en la mejilla: “Ay, Beni, ¿qué vamos a hacer contigo?” y sonreía.

Mi viejo en realidad no era mi padre. Por otra parte, tanto él como su mujer, eran demasiado mayores para ser mis padres reales, eso siempre lo tuve claro. Las circunstancias que me llevaron a vivir bajo el techo de su hogar son confusas. Que se convirtiera en mi viejo yo creo que fue algo más bien casual. Me inclino por algún abandono o una muerte fortuita de mis progenitores. Un día fue al convento a llevar unas manzanas y se encontró conmigo de sopetón en los brazos de una monja:

—Beni, tu mujer y tú nunca habéis tenido niños. ¿No crees que os haría ilusión criar uno? —dijo la monja señalándome con la cabeza.

Mi viejo era un buenazo.

—Debería consultárselo a Herminia. Pero… no creo que ponga pegas. ¿Cómo me lo llevo?

—Es niña.

Me acomodaron encima de unas mantas en la carretilla y nos dirigimos al pueblo. Esta es la historia que me contó cuando tenía tres años y la tengo un poco desperdigada en mi memoria. Lo tuvo que hacer porque yo no hacía más que preguntarles por qué él y Herminia eran tan mayores como los abuelos de Carmen. Y también porque ella nunca fue mi madre, siempre fue Herminia. Una no sabe cómo, pero se da cuenta de esas cosas. Sin embargo el amor que sentía por Beni, su marido, era infinito. A mí aquello me bastaba.

Mi viejo me contaba historias, algunas reales, pero sobre todo inventadas. En un pueblo con pocos niños quería hacerme la vida más llevadera. Me decía que de joven fue marinero, que vivía en un pueblo costero con bahía y que hasta que no se hizo a la mar, pensó que el mundo acaba en el horizonte, en el lugar exacto en que se juntan el cielo y el mar. Luego se dio cuenta de que con un barco navegabas y navegabas hasta que llegabas al próximo puerto. A pesar de que la gente le consideraba un analfabeto, él aseguraba que había visto mucho mundo.

Según él, viajó hasta Brasil (después de marinero pasó a ser explorador), donde conoció a tribus indígenas en el Amazonas, gente que todavía no había sucumbido a la civilización. Me dijo que había contactado con ellos un día que se perdió en una expedición. “Me trataron de una manera especial, pronto se dieron cuenta de que no era una amenaza”. Le contaron mil leyendas y el porqué del aislamiento de un exterior exterminador: “Es la nada que acaba con todo” le dieron a entender. Después le dejaron en un lugar para que fuera encontrado por sus compañeros.

Australia,  contaba, era de los lugares más espectaculares que había conocido: “¿Sabes que cuenta con especies de animales que no se dan en otro lugar del mundo? Es por su circunstancia de isla aislada y por sus especiales condiciones climáticas” o “Los marsupiales son animales que llevan las crías en una bolsa que tienen en el vientre, como por ejemplo los canguros”. Yo hacía que me maravillaba ante aspectos que a mis diez años ya conocía de sobra, pero el simple hecho de ver su cara de embeleso mientras me lo explicaba, me compensaba.

“En África hay muchas guerras” decía, y “la gente se muere de hambre”. Comentaba que, nosotros, el primer mundo, teníamos mucha culpa de eso. “Vi el sufrimiento más atroz en los ojos de un niño, un niñito que no tendría más de dos años”. Y se quedaba pensativo, negando con la cabeza gacha. Luego volvía a sonreír: “Los pigmeos son una tribu de personas muy pequeñas, el más alto será como tú, y les gusta mucho cantar”. 

Los atardeceres se nos caían encima al son de aquellas historias. Después nos quedábamos mascando cada detalle, imaginando mil andanzas, cual silentes pero intrépidos aventureros. 

Mi viejo murió hace unos años, cuando yo tenía unos veinte y él ochenta. En ese momento descubrí su tesoro más preciado. Herminia me dio una llavecita del rinconcito prohibido donde pasaba las noches en vela y al que hasta ese momento me había estado vetada la entrada.

“Se los fue comprando uno a uno al profesor de la escuela, después de jubilarse, durante veinte años y a dos pesetas cada uno”.

Cuando abrí la habitación me quedé embobada. Aproximadamente mil libros repartidos por varias baldas hechas por él mismo, ordenados con gran mimo por temáticas. Había de todo: libros de aventuras, de filosofía, de historia, de arte…

Y en un lugar destacado un letrero en el que se leía: Para ti, hija, para que sigas disfrutando de esas tardes apasionantes. Y debajo una maravillosa enciclopedia: Viaje ilustrado a los más recónditos lugares (de la A a la Z). Cogí el primer tomo “África” y lo abrí por un lugar señalado con un pósit por mi padre y leí: “Los pigmeos son un pueblo del África central que vive de la caza y la recolección. Jengi es el nombre de un espíritu del bosque al que adoran…”

sábado, 22 de julio de 2017

VACACIONES EN EL BLOG


Después de mi primer año con este blog, que tantas satisfacciones me ha dado y que me ha permitido conocer a gente estupenda, pongo las neuronas al sol (o a remojo para que se "empapen" de nuevas ideas) hasta septiembre. En este tiempo me dedicaré a mis dos pasiones, el cine y la lectura. Un saludo a todos los que me leéis y que ¡¡¡paséis feliz verano!!!


Como despedida os dejo un microrrelato acerca de uno de los objetos que más voy a utilizar este verano:


ESPERÁNDOTE

 Alguien pareció abrir una ventana, ya que al momento un aire fresco y arrebatador le recorrió por entero. Fue como un despertar, un resurgir. Pronto unos bellos ojos de mujer se posaron en él. Durante unas horas, su mirada pasó de la alegría a la angustia, de la risa al miedo, y al final, al asombro. Se sentía orgulloso. Estaba cumpliendo su cometido. Cuando la mujer terminó, el libro se dejó cerrar satisfecho. Volvió a las sombras con la esperanza de volver a ser redescubierto algún día. 


martes, 18 de julio de 2017

RELATO: PUNTO Y APARTE



Hace un par de semanas publiqué un relato sobre la felicidad y cómo los caminos para encontrarla no siempre son los correctos. La protagonista era una adolescente desorientada. En este caso he querido hacer esta entrada con un relato también protagonizado por una joven, pero diferente en su planteamiento, enfoque y final.

Fue un placer participar con él en el concurso de relatos LIBRE MENTE organizado por la fundación Agifes, asociación gipuzkoana de familiares y personas con enfermedad mental. El relato tiene un enfoque positivo y tuve la suerte de quedar en segundo puesto.



Hoy me he levantado de la cama como cada día. Pero hoy no es un día como los demás, qué va. Aún así, he querido que en mi casa se respire normalidad. No quiero miradas escrutadotas dirigidas hacía mí que intenten adivinar mis pensamientos, ni movimientos anormales en las actuaciones de mis familiares. Por eso no saben que es hoy cuando ocurrirá.

Mi padre se ha levantado temprano, como siempre, para ir a trabajar. Me ha encontrado sentada en la mesa de la cocina desayunando. Al principio se ha pegado un susto, no me esperaba allí, pero después me ha saludado, se ha partido dos rodajas de pan, ha puesto a calentar el café, y se ha sentado a mi lado con aspecto somnoliento.

El perro es incontrolable, así que se ha sentado en una esquina de la cocina mirándome extrañado. Yo le he dado unas palmaditas en el lomo y parece que se ha quedado a gusto, ya que se ha ido a su mantita y se ha quedado dormido en cuestión de segundos. Los perros simplifican más que las personas. Eso es lo que me gusta de los animales.

Después he ido a pegarme una ducha, ligera y templada, para aplacar un poco la tensión que siento. Sabía que iba a ser así. No me esperaba un camino de rosas. Tengo el pulso un poco acelerado, desde que he tomado la decisión nada más levantarme. Pero ya no hay marcha atrás. Es mi decisión. La tomé con una desacostumbrada lucidez. Así me gustaría que acabara el día.

Cuando he salido de la ducha, mi madre estaba recogiendo los platos del desayuno.
—¿Qué haces levantada tan temprano?— Han sido sus primeras palabras.
—¿Nos vamos?—He dicho como quien dice "que día tan bueno hace". Mi madre se ha quedado suspendida y congelada en el espacio y en el tiempo. La entiendo perfectamente. Entiendo a todos perfectamente. Pero ellos también han sido "entrenados" para estos momentos. Así que su desconcierto ha durado solo unos segundos. Simplemente ha dicho:
—Dame unos minutos para prepararme.

Mientras mi madre se dirige a su cuarto, miro por la ventana de la cocina. Acaba de amanecer. El sol de otoño a veces es de una luz extraordinaria, y he tenido que ponerme la mano como visera. Hará fresco, seguro, todavía no son ni las nueve. Tendré que coger alguna chaqueta de punto o una vaquera. Tengo ropa nueva, quizás un poco pasada de moda, pero hoy en día seguir las tendencias no es el objetivo de mi existencia.

Mi madre ha venido un poco acelerada del cuarto, pero en cuanto me ha visto plantada en la puerta con la chaqueta colgando del hombro, ha disminuido de intensidad el paso, y en un gesto que pretende ser natural, se ha atusado el pelo con las manos mientras se mira en el espejo del pasillo.

—Bueno ya estoy —dice sonriente—¡Espera las llaves!— Se vuelve a embalar.

Al final hemos salido de casa. He preferido bajar por las escaleras en lugar de coger el ascensor. Prefiero que las cosas sucedan de forma paulatina. Por un momento me ha parecido que la mano de mi madre rozaba ligeramente la mía, pero con los ojos muy abiertos le he dado a entender que no hiciera eso. Le ha quitado importancia y ha mirado para otro sitio.

La primera prueba de fuego. Estamos en el portal. No puedo evitar cierto tembleque de piernas y de manos. Mi cuerpo se encuentra tan inestable, que me he tropezado con un escalón mientras una vecina abría la puerta. Me he encontrado cara a cara con ella. No ha podido disimular su asombro, pero mi madre ha terminado con la situación de un plumazo:

—Hola Angelines, vamos a dar una vuelta con el día tan bueno que hace. Hasta luego.
—Pues sí que hace bueno, aprovechadlo bien que han dicho que por la tarde... — Ha seguido hablando, pero nosotras estábamos ya lo suficientemente lejos como para no escucharla.

Noto el sol que me da de lleno mientras me acaricia el rostro una leve y fresca brisa de otoño. Respiro hondo y relajo los músculos. Doy un paso detrás de otro, meticulosamente, mecánicamente, sin pensar demasiado en ello. Hemos girado a la derecha al salir del portal. Vamos sin rumbo fijo. A veces me paro en algún escaparate de moda juvenil o en alguna librería. Precisamente me encuentro mirando unos libros, cuando mi madre me saca de mi recogimiento y me comenta:

—¿Quieres comprarte un libro?— Es una buena idea, pero para eso tengo que entrar a la tienda. Después de una interminable pausa, doy dos pasos decididos y un poco aparatosos hacia adelante y las puertas de la librería se abren como por arte de magia. Ya estoy dentro. De repente el terror se apodera de mí. Unas compañeras del instituto se encuentran en el interior, en la sección de libros de texto. Hago un giro de ciento ochenta grados con un solo movimiento y me encuentro con la cara de mi madre, moviendo la cabeza de un lado para otro:

—No lo hagas, has llegado hasta aquí—. Tampoco he tenido tiempo para reaccionar, una de la chicas se ha acercado seguida del grupo. He sentido el rubor en mis mejillas. Han sido amables, me han dado dos besos, que tenían ganas de verme, que me encuentran muy guapa... Yo casi no he podido articular palabra, pero parece que ellas no se han extrañado de mi reacción. Tras este encuentro, algo ha sucedido en mi cuerpo. Me encuentro invadida por una extraña serenidad. Mi madre está sonriendo. Cada vez está más animada.

Me decido por un libro de suspense, y cuando voy a dárselo a mi madre, ella se adelanta y me da el dinero para que pague yo. La dependienta me cobra, me mete el libro en una bolsa, y tras un "gracias" me lo devuelve. Todo normal, de momento.

Salimos. La temperatura ha subido unos grados y el ambiente es bastante agradable. Mi madre, que no puede disimular cierto entusiasmo, me sugiere que tomemos un café en una terraza. Nos sentamos en unas mesas en un bar del puerto. El mar está de un azul intensísimo, y escuchar las olas tan cerca, descubro que es una de las cosas más placenteras que hay en esta vida. El viento mece las gaviotas en el aire, y ellas se dejan llevar planeando de una forma mecánica, se fían de su instinto, parecen dormidas, pero es la placidez que sienten. Las admiro, se sueltan, se dejan llevar, parecen vivir el momento. Otra vez pienso en la sencillez que me rodea. Parece tan fácil... Mi madre me saca, otra vez, de mi embelesamiento. Incluso se ha asustado un poco. Me ha visto tan concentrada que ha pensado que me había desmayado con los ojos abiertos. La tranquilizo. Todo va bien. Sonrío. A ella se le iluminan ligeramente los ojos.


Hace exactamente seis meses y trece días era una tímida y temerosa estudiante que se dirigía a diario a estudiar al instituto. Todos los días alguien me zarandeaba o me caía algún sopapo.

Hace seis meses y trece días todo se desbordó,  cuando unas chicas, normales, como yo, de mi misma edad, con padres responsables como los míos, me acorralaron cuando salíamos de clase y comenzaron a insultarme.

Hace seis meses y trece días me encontré tirada en el suelo, mientras recibía patadas, tirones de pelo y escupitajos. Nadie se paró a ayudarme.

Hace seis meses y trece días llegué a casa sin saber cómo, y me escondí debajo de la cama como un animal asustado. Parece ser que tuvieron que sacarme por la fuerza. Yo no respondía a ningún estímulo y dejé de hablar.

Tras varias sesiones de terapia intensiva en mi casa, empecé a reaccionar. Sin embargo, el terror a salir de casa se convirtió en una pesadilla insuperable.

Poco a poco con ayuda de personas maravillosas y de mis padres, pude pensar que podría seguir viviendo, aunque fuera entre cuatro paredes. Poco a poco aprendí que mi vida tiene un sentido para mí y para los que me quieren, y que lo demás pasa de largo y se desvanece con el tiempo.

Un día como hoy, he decidido que mi vida me pertenece. Que puedo moverme por donde me da la gana, y también he decidido que puedo tomar decisiones.

Un día como hoy, sonrío, pero de verdad, miro a las personas sin miedo, y hablo de temas interesantes. Me gusta mucho leer y escribir.

Hoy dormiré en mi cama, con cierta excitación, pero con la placidez que otorga coger las riendas.

Hoy la vida continúa. La ilusión vence al miedo.


sábado, 15 de julio de 2017

LIBRO: LUCES DE BOHEMIA


LUCES DE BOHEMIA (1924)

Ramón del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 1866-Santiago de Compostela, 1936)



Ramón del Valle-Inclán refiriéndose al Esperpento: “Estoy iniciando un género nuevo, al que llamo género estrafalario. Ustedes saben que en las tragedias antiguas, los personajes marchaban al destino trágico, valiéndose del gesto trágico. Yo en mi nuevo género también conduzco a los personajes al destino trágico, pero me valgo para ello del gesto ridículo. Esta modalidad, consiste en buscar el lado cómico en lo trágico de la vida misma”

“La tragedia nuestra no es tragedia, es esperpento” dice Max Estrella (o Mala Estrella como le apodan diferentes personajes), el protagonista de la obra teatral Luces de Bohemia. “Los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos… El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.

Tanto de la definición del autor como de la del protagonista podemos extraer alguna conclusión: los personajes que pululan por esta obra no están a la altura de las circunstancias, es decir, de su destino cruel o dramático. El escritor es como un ser superior que describe a sus personajes utilizando la parodia incluso en la muerte. Carecen de valores morales (Latino de Hispalis, el amigo y “hermano” de Max Estrella no duda en robarle en varias ocasiones) y encima son unos ignorantes desconocedores de su propio drama.

He leído en varias ocasiones Luces de Bohemia (una en el instituto, por supuesto) y con el tiempo y entendiéndola cada vez más, me voy percatando de que la vida sigue igual, de que es una obra cuyo escenario, salvando las distancias, podría ser la propia actualidad. Y recordemos que fue escrito en 1924.

La obra se sitúa históricamente en la época llamada de la Restauración (de la dinastía borbónica), aunque es difícil ambientarla en un tiempo concreto ya que se hacen referencia a varios hechos acaecidos con muchos años de diferencia y la trama transcurre en apenas veinticuatro horas. Se suele decir que en Luces de Bohemia Valle-Inclán condensó el tiempo, quiere describir un momento terrible y decadente, pero aludiendo al pasado para que entendiéramos aquel presente y así también captar la esencia de lo que vivió el autor.


Cómo hemos comentado, la historia se desarrolla en Madrid en diversos escenarios y con multitud de personajes (más de cincuenta, entre ellos Rubén Darío, que deambulan por “Un Madrid absurdo, brillante y hambriento”) durante veinticuatro horas y tiene una estructura circular: comienza en la casa del poeta Max Estrella, con el propio Max invitando a un suicidio colectivo, hace un recorrido por diferentes ambientes con su amigo Latino de Hispalis y la acción termina en la taberna de Pica Lagartos haciendo referencia precisamente a la muerte (¿suicidio?) de la mujer y de la hija del mismo (Madame Collet y Claudinita).

En este punto hay que hacer un inciso, ya que a pesar de que es un tema que ha sido objeto de conjeturas, casi nadie duda ya de que Max Estrella es el trasunto de Alejandro Sawa, un escritor y poeta que murió loco y ciego en la más pura miseria, al que conocía Valle-Inclán, y cuya muerte le afectó de una manera especial. Para muestra la carta que escribió a Rubén Dario:

“Querido Darío:

… He llorado delante del muerto, por él, por mí, por todos los pobres poetas. Alejandro deja un libro inédito. Lo mejor que ha escrito. Un diario de esperanzas y tribulaciones… Quería matarse. Tuvo el final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso.”

Volviendo al libro, el recorrido nocturno de este poeta, ciego y olvidado, que encuentra finalmente la muerte en el quicio de la puerta de su casa, le sirve al autor como propósito para aludir a otros temas:

Una denuncia a la situación político-social de la época. Como ejemplo de ello somos testigos de manifestaciones de obreros, incidentes con robos, altercados y la policía cargando contra todos. También se hace mención a la Acción Ciudadana u organización patronal; la corrupción es otro de los ejes de la historia en la que se alude a los llamados “fondos de reptiles” (¿nos suena esto de algo?) del Ministerio de Gobernación y Estado que se distribuían aquí y allá, comprando periodistas y publicaciones (“¿Qué dirá mañana la prensa canalla?”) y también concediendo puestos o cargos públicos.

La muerte es otro de los temas frecuentes en la obra de Valle-Inclán, el suicidio, la muerte de inocentes…, cada cual enfrentándose a ella de la manera que quiere o puede. Y unido a la muerte también la religión y la Iglesia (“la religión nueva”).

Y finalmente el tema recurrente, la visión de una sociedad carente de valores.

Es también de subrayar el lenguaje que emplea el autor: por un lado tenemos el lenguaje culto con un batiburrillo de neologismos (“abichado”, “chispotes” “hacer escombro”), con referencias históricas (“Artemisa”, “Belisario”), literarias (“Mal Polonia recibe…”, “Juventud, divino tesoro”, y mitológicas (“Minerva”), referencia a diferentes autores (Shakespeare, Verlaine…); a su lado el lenguaje vulgar (“gachó”, “mulé”) con vulgarismos (“apegarse”, “dilustrado”)  y la deformación fonética (“cráneo previlegiado”). Todo ello expresado por intelectuales, taberneros, policías, sepultureros, prostitutas... Según él, quería crear un nuevo lenguaje que respondiera a las exigencias de su tiempo pero “no solo una creación lingüística sino también de conciencia… Toda mudanza de idiomas es una mudanza en las conciencias”.

En resumen, un libro provocador con un humor irónico, valiente, una caricatura o sátira nacional, una crítica que va desde el que está más alto al que está mas bajo, que habla de la desesperanza, la burla, el héroe que no lo es, la bohemia pretenciosa y sin luz, la inutilidad de la administración pública, el fracaso, la angustia, la pobreza, la miseria humana… En fin, hay tanto que me dejo y se  pueden extraer tantas y tantas cosas. Cuando hablamos así de una obra es cuando podemos decir que estamos ante una obra maestra.