domingo, 26 de marzo de 2017

RELATO: DE ANIMALES Y BESTIAS






         Cuando la celebración ya era un hecho, cuando estaban a punto de posar para las cámaras fotográficas, cuando el organizador del evento se frotaba las manos por los ingresos suculentos que le proporcionaría aquel espectáculo sangriento, sonó un trueno y el tiempo se detuvo unos instantes. En unos segundos en los que nadie era consciente de lo que estaba sucediendo, las figuras humanas se quedaron paralizadas y las conversaciones cesaron por completo. La escena era la siguiente: cinco personas completamente congeladas con muecas esperpénticas dibujadas en sus rostros.

         Después alguien dio al botón de marcha atrás.

Como en una película que se rebobina a cámara lenta, el elefante que yacía muerto se puso en pie. Volvió sobre sus pasos, hasta el punto exacto donde minutos antes aquellos hombres le sujetaban con unas cuerdas impidiendo su movilidad.

El cazador millonario de presas imposibles, agazapado a una distancia prudencial, se concentraba para realizar un disparo certero sobre su objetivo. Entonces ese alguien dio al pause, justo en el instante en el que aquella enormidad de la naturaleza alzaba su probóscide hacia el cielo. El play reanudó el movimiento.

Loxodonta comenzó a barritar una llamada furiosa. Los humanos soltaron las cuerdas, una vez puesto el animal en bandeja para el gran trampero. El empuje del dedo en el gatillo activó la maquinaria. Se escuchó un chasquido. El rifle se había encasquillado. El pánico se apoderó del grupo.

En un intento desesperado por salvar la situación, cada cual se atrincheró con su arma, todo dispuesto para la ejecución expeditiva.  "¡No, tengo que ser yo!, aulló el coleccionista de trofeos. Los demás le miraron espantados, el elefante se dirigía hacia él desbocado. En el momento en que el hombre descargaba un segundo rifle sobre él, uno de sus colmillos se hundió en sus entrañas. Se quedaron uno frente al otro, las caras rozándose, los ojos desorbitados.

El humano siente el aliento del paquidermo en su cara, es sonoro y entrecortado, sabe que no le queda mucho. El animal no piensa esas cosas, piensa que se ha lanzado contra quien le estaba haciendo daño. Chorros de sangre se resbalan sobre su gruesa piel, pero no va a retroceder.

Poco a poco los hombres del cortejo salen de sus guaridas y se acercan a la macabra escena. Están resignados, ya nada se puede hacer. Intentar separar al animal no haría más que hacer la agonía más complicada.

Se oyen pasos rotundos, agitados pero serenos. Una manada de elefantes acaba de llegar al lugar. Han formado un círculo alrededor del cuadro, un sketch dramático que no deja lugar a dudas: la muerte absurda.

Los hombres no se han movido, no pueden, no deben. Están a su merced y cualquier movimiento apresurado podría ser el final de todos ellos.

Sin embargo ellos no están allí para vengar tropelías. Están allí para honrar a su viejo, ese que tiene casi setenta años y que los ha visto nacer a todos. Combinan el sonido de sus trompas en un estruendo casi infinito. Los humanos tienen que taparse los oídos.

El hombre ha muerto ya, el elefante tiene un respirar irregular, vacilante; pronto partirá hacia otro lugar. Algunos de su especie se acercan para no dejarle solo en su marcha. No se escucha nada, es el silencio dedicado a la muerte. Antes de exhalar un último suspiro, una gota de agua recorre la mejilla del longevo animal.

Hacía tiempo que allí nadie lloraba lágrimas de verdad.


jueves, 23 de marzo de 2017

RECOMENDACIÓN DE LIBRO: RECURSOS INHUMANOS de Pierre Lemaitre.



RECURSOS INHUMANOS (2016)

Pierre Lemaitre (1951)





Para aquellos que piensan que la vida hay que vivirla intensamente en todas sus fases y apuestan por la frase “nunca es tarde si la dicha es buena”, la experiencia vital de este escritor les va a parecer bastante interesante.

Y es que este psicólogo, profesor y divulgador, llegó a la literatura habiendo pasado ya la cincuentena. Escribió Irene con cincuenta y cinco años, la primera novela de su trilogía negra (aunque en realidad son cuatro libros, la citada Irene, Alex, Rosy & John y Camille). Esta serie está protagonizada por el comandante de la Brigada Criminal de Paris Camille Verhoeven, un diminuto (mide 1,45 m) y singular policía que deberá desentrañar una serie de asesinatos en los que su vida personal se verá involucrada de una manera muy particular.

El éxito internacional le llegó en 2013 con Nos vemos allí arriba una historia alejada de la temática policial que le llevó a ganar el prestigioso premio Goncourt.





Mi novela favorita de Lemaitre hasta la fecha era Vestido de novia que describe de una manera frenética la vida de una treintañera aparentemente demente y asesina en serie. Una historia con un ritmo y unos giros fascinantes.

En Tres días y una vida hace una conjunción de novela negra o suspense y drama psicológico. Nos cuenta la transformación que sufre la vida de un adolescente cuando en un ataque de furia comete un crimen que le marcará toda su existencia. Una lectura desasosegante y un desenlace inesperado.

Recursos Inhumanos es la mejor novela que he leído probablemente de Lemaitre y la mejor en general, en lo que llevo de año.

Alain Delambre fue un exitoso director de recursos humanos. En la actualidad es una víctima más de la crisis y subsiste gracias a trabajos basura que le hacen sentirse el ser más miserable del mundo. Todo se acentúa porque además su calidad de vida y nivel social han bajado sustancialmente y es algo que no deja de angustiarle más si cabe.

Un día una empresa acepta su candidatura para un puesto importante, pero el proceso de selección será cuanto menos peculiar: un simulacro de toma de rehenes en la que él tendrá que evaluar a una serie de directivos sometidos al estrés que supone estar bajo esa circunstancia. Aquí comienza el desquicie del protagonista que hará lo que sea por conseguir el puesto de trabajo.

La novela está dividida en tres partes, cada cual más insólita. Lemaitre es un crack y cuando crees que te va a llevar por un lado, te pega un coscorrón, te quedas con cara de no entender y te lleva por otro. El ritmo es cada vez más vertiginoso, tiene unos giros fantásticos, la habilidad que tiene este escritor para manejar la historia y volvernos locos es alucinante. Tiene humor y realismo duro y crudo. Hace una crítica feroz y bestial del mundo empresarial y todos los devaneos y chanchullos que hay detrás de él. También hay una parte para el universo mediático y sus entresijos. Lemaitre sabe muy bien lo que cuenta y como contarlo; lo hace de una forma insuperable. Delambre será un hombre que pasará por diferentes fases: la depresión, la angustia,  la ira casi psicopática, el miedo, etc. Pero es tan avispado y posee tanto ingenio que sabrá adaptarse a todas las situaciones y darles su particular vuelta de tuerca.

Me ha gustado mucho la novela y creo que se nota. Estoy enganchada a la escritura de este hombre.

Para terminar pongo una de las frases que más me han llamado la atención de la solapa del libro:

“Un ejemplo brillante de cómo el género negro puede encontrar inspiración en la crisis. Una trama que consigue vengar a todos los desempleados, reales y potenciales”. Le Magazine littéraire.

lunes, 20 de marzo de 2017

RELATO: PETRESCU.





El gigante y bonachón Andrei Petrescu nació en un lejano país llamado Rumanía. Era el pequeño de ocho hermanos. A pesar de esta circunstancia y de que les sacaba medio metro a todos ellos desde muy pequeño, intentaba contentar a la familia y a los vecinos haciendo de ogro en los juegos infantiles. Sin embargo los niños no le temían, ya que la bondad y generosidad de Petrescu era conocida tanto en el pueblo como en los alrededores. Al no poder heredar la ropa de sus mayores, su madre le hacía unas estrafalarias túnicas con sábanas de franela, lo cual no hacía más que acentuar su aspecto de mago loco del más allá. Con trece años araba la tierra sin necesidad de bueyes, tirando solo del arado, y recogía las manzanas de los árboles en cuestión de minutos; pero al parecer, no era suficiente. Cuando alcanzó una altura de dos metros y cincuenta centímetros, y tras una seria reunión familiar, decidieron echarle de casa, no había recursos para mantenerle; necesitaba tres kilos de comida al día, entre carne, pan y frutas.

 Le dieron un papel para que siempre lo llevara en el bolsillo que decía: por favor apiádense de él, nosotros no podemos hacernos cargo. Al principio se sintió triste, observaba a su madre sin comprender, pero ella se refugio en el resto de sus hijos para no hacer frente a su mirada. Durante unos días vagó perdido, pero no perdió la esperanza, pensaba que no era más que un niño y que sus padres volverían a rescatarle. Nada de eso pasó.

Probó suerte en un circo, donde encontraría gente diferente como él, pero al entrar rompió la estructura y la carpa se vino abajo; se fue de allí con una pedrada en la cabeza.

Viajó a los Cárpatos, en busca del Conde. Había escuchado historias truculentas e ideó un plan: sería la victima perfecta para aquel personaje que no parecía humano, se pondría a su disposición. Pensaba que su sangre sería suficiente para amansarle un tiempo, durante el cual, podría recapacitar acerca de sus fechorías de vampiro insaciable. Ni por esas, su piel era demasiado ruda para los colmillos de Nosferatu, que le despidió babeando y soñando con lo que pudo ser y no fue.

Desesperado llamó a las puertas del cielo. Eso fue un enigma, nadie contestó.

Después de dar muchas vueltas se sentó en el risco de alguna localidad de nombre indefinido, seguramente a las afueras, donde nadie pudiera reprenderle. Poco a poco sintió como su bondad se convertía en llanto, más tarde en rencor y finalmente en desprecio y odio. Algo cambió en su interior: la luz se convirtió en sombra, el azul en tinieblas. El número de habitantes de las poblaciones  cercanas bajó drásticamente. Por el hueco que formaban sus dos manos pasaron todo tipo de cuellos: de nobles, de clérigos y campesinos, e incluso de reyes.

Para cogerle, necesitaron cien hombres, veinte caballos y muchas cuerdas.

Le encerraron en una jaula. Para él fue la cuna que nunca tuvo.



sábado, 18 de marzo de 2017

MINIFANTASÍA: RELAX.




Estaba harta de tantas conjeturas. ¿Era una amante? ¿A qué se debía esa expresión tan enigmática? Décadas, no, ¡siglos! viendo pasar por delante a personajes de lo más variopintos, que escrutaban cada detalle, buscando símbolos, pistas.

Por la noche escapó, y por fin pudo relajar sus músculos faciales. A las nueve horas el Louvre era un hervidero. ¡Han robado la Gioconda! No exactamente...
 
Finalista en el II Concurso de Microfantasías organizado por Diversidad Literaria.

viernes, 17 de marzo de 2017

RECOMENDACIÓN DE PELÍCULA: LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS.



LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (2014)

Taika Waititi y Jemaine Clement (Nueva Zelanda, 1975,1974)






Es difícil reírse hoy en día con una película. Como mucho te puede sacar una tibia sonrisa en ciertos momentos, pero creo que la comedia en el cine no vive su máximo esplendor que digamos. Cuando hablo de este género, me refiero a películas que no insulten al espectador, que le crean o supongan minimamente inteligente, que no le avasallen con estulticia y zafiedad.

Los talentosos Taika Waititi y Jemaine Clement, aparte de ser codirectores, son además los guionistas y dos de los actores de esta comedia de terror o de vampiros. Aunque utilizar las palabras “comedia” y “terror” en una misma frase siempre me ha parecido incongruente, en este caso es una forma simpática de clasificar esta historia.

Como me pasa casi siempre que recomiendo un filme diferente, tengo la sensación (igual es un rasgo de inseguridad) de que no va a gustar a la mayoría de la gente; por eso aviso de antemano de que aunque yo me reí de lo lindo con esta cinta, puede que no le ocurra a muchos de los espectadores que se adentren en ella.




Cuenta la vida (o no vida) de tres vampiros de diferentes edades, épocas y orígenes que comparten piso en la actualidad en una barrio de Wellington (espléndidos los actores Taika Waititi, Jemaine Clement y Jonathan Brugh); se llaman Viago, Deacon y Vladislav. También hay un misterioso personaje Petyr  que vive en el sótano y que más adelante protagonizará algunas de las escenas más importantes y brutas de la película. Intentan hacer una vida normal teniendo en cuenta sus circunstancias: tareas domésticas, salir de noche (siempre de noche, por supuesto y con la inconveniencia de que a este tipo de criatura hay que invitarle a entrar a los sitios), pagar el alquiler, etc. Sin embargo ellos son inmortales y necesitan sangre humana para alimentarse. Cuando Nick aparezca en escena y casi por error se convierta en uno de ellos (pero más moderno), trastocará sus vidas al no adaptarse bien en la convivencia con los otros tres.




Está rodada como si fuera un falso documental (quizás como una parodia a este tipo de filmes) lo cual dará pie a situaciones surrealistas dentro del desmadre que supone ya la historia en sí.

Es un filme gamberro, como ya he leído en algún sitio, ingenioso, original, absurdo, fresco y a ratos desternillante, con algunas escenas brillantes (como cuando se encuentran con un grupo de licántropos o cuando uno de ellos para no manchar el suelo de sangre lo tapa con periódicos antes de abalanzarse sobre una víctima). A veces pierde un poco de chispa pero hay muchos gags sobresalientes: sobre la comida, de como vestirse, sus amores imposibles…




Es una parodia inteligente que caricaturiza los típicos tópicos que van aparejados a los vampiros y también un intento estupendo de hacer otro tipo de humor en el cine. En fin, una alternativa excelente para pasar un buen rato.

He de decir que yo la vi en versión original que es como más me gusta ver el cine y por lo tanto la recomendación esta hecha en base a esto (los protagonistas impostan un ingles con acento “vampírico” que a mi me resulto de lo mas gracioso).

Os dejo el trailer en VOSE:




domingo, 12 de marzo de 2017

RELATO: UN MAL DÍA.






En contra de esa absurda afirmación de que todo bebé es bonito, este resulta ser bastante feo. Por lo demás, aparenta ser una familia vulgar a priori. El marido sonríe mucho, le hace carantoñas a ella constantemente y le susurra al oído secretos inconfesables. No me gusta que la gente haga eso delante de mí, me siento idiota, pero lo he dejado pasar. He cogido al niño y les  he comentado lo guapo, sano y hermosote que está. Me he sentido estúpida una vez más, hipócrita diría yo, pero es lo que hay que decir en estos casos, no les voy a soltar a bocajarro que tiene un cabezón desproporcionado con respecto al cuerpo, y los ojos tan cerca uno del otro que parece un cíclope.

Él es de esos que te dice que sí a todo, pero que en realidad no está de acuerdo contigo en nada.

—Quiero saber en que va a consistir todo el proceso, y en qué puedo ser útil. No voy a ser una mera comparsa, deseo implicarme y buscar la solución lo antes posible.

 —Bueno, no se precipite, primero hay que hacer una evaluación.

Empiezo a pensar que esto va a ser más difícil de lo que pensaba.

—Bien, estaré presente.

—No puede.

—¿Cómo que no puedo?

No respondo a la pregunta e intento concentrarme en la mujer, que todavía no ha abierto la boca. Está sentada concentrada en un punto fijo y se deja hacer. Le he pasado a la criatura y la ha cogido sin mirarme a los ojos. Después la ha depositado en el carro y se ha vuelto a sentar. Intento entablar conversación con ella.

         —¿Cuándo empezó todo?

         —¿Cómo?

         —Los episodios, ¿cuándo comenzaron?

No me contesta y vuelve de nuevo la vista hacia la pared. Se produce un tenso silencio. Me dan ganas de saltar por encima del escritorio, cogerla de la cabeza y obligarla a que me preste atención.

         —Si quiere le comento yo cómo fue… —El marido otra vez.

         —No usted no. —le corto.

Ante esta frase, ella se ha sobresaltado y ahora me contempla con cara de no entender. Él le vuelve a susurrar algo al oído.

         —¡Deje de hacer eso! —le he gritado.

Siento un ligero tembleque de manos.

Ahora los dos me miran asombrados.

         —Lo siento. —Miento de nuevo, no lo siento— Pero deben entender la situación, se tiene que abrir y hablar, tiene que ser ella.

El otro tensa la mandíbula y me obsequia con una mirada desafiante. Trato de no corresponderle, suspiro, me levanto y me dirijo a la ventana. Unos segundos después, vuelvo a sentarme.

         —Me gustaría si fuera posible, que saliera usted fuera. —le digo intentando ser cordial. —Y llévese al niño, por favor.

En ese instante, el bebé, como si fuera cómplice de una confabulación, se pone a llorar con una estridencia insoportable, ¿para qué cojones le habrán traído? ¿No tenían dónde dejarle? ¿No tienen padres, hermanos o algo?

Ella se pone de pie como un resorte, le coge y le acuna para que se calle.

         —No quiero que mi marido se vaya, quiero que se quede.

         —Así no podemos trabajar.

         —No quiero quedarme a solas con usted.

Me asombra su seguridad. Ahora son los tres (bebé incluido) los que me miran provocadores. La cabeza me da vueltas, estoy empezando a marearme. La situación se me escapa de las manos.

         —¿Qué… qué se supone que debo hacer?

         —Curarme —suelta ella con una determinación que da miedo.

Estoy sudando y eso que no está puesta la calefacción. Noto los chorretones que me bajan por la espalda y pequeñas gotas en la zona del bigotillo.

         —Discúlpenme un momento, por favor.

Salgo de la consulta y me dirijo al baño. Abro el grifo del lavabo y me mojo la cara y la coronilla. Tengo un calor insoportable y el corazón me va a mil por hora. El espejo del lavabo me devuelve el reflejo de una cara de espanto.

Vuelvo a entrar. Ahí sigue la familia Adams, no se han ido como yo esperaba. Sus ojos escrutadores se me clavan como cuchillos mientras me siento cabizbaja en la silla de mi escritorio.

         —Bien, —digo intentado sonreír— empezaremos de nuevo, ¿qué les parece?

Pero ya no hablan, solo me observan. Un nudo se retuerce en mi estómago. Unas lágrimas empiezan a recorrer mis mejillas. Saco un kleenex y me sueno los mocos.

         —¿Qué quieren de mí? —digo sollozando.

         —Que me cure —vuelve a repetir ella.




Hago un recorrido visual por las paredes de la habitación. Están decoradas con títulos y diplomas de mierda. Hay un master en concreto sobre psicología conductual, que me costó un pastón.

         —¿Qué le ocurre exactamente? —le pregunto a ella cuando en realidad pienso “¿Qué me ocurre?”.

         —Ya se lo he dicho, estoy triste de vez en cuando.

Acabo de escuchar una carcajada. Pero no ha sido ninguno de ellos, he sido yo. No sé que ha pasado, ha salido el sonido de mi boca sin yo pretenderlo.

         —¿De… desde cuándo? —Estoy intentando aguantar la risa pero no puedo, me pongo las manos sobre la boca, pero es imposible, el ruido encuentra su vía de escape.

Alguien ha dado un puñetazo en la mesa, ha debido de ser el marido, por la fuerza del ruido que se ha escuchado. No le he visto, ya que estaba retorciéndome de la risa inclinada hacia delante. He saltado sobre la silla del susto y me he callado al instante. Primero se me ha parado el corazón, pero luego ha empezado a latir, primero al trote y después al galope. Se me ha vuelto a nublar la visión por las lágrimas contenidas.

         —Lo siento de verdad… —logro articular. —No sé que ocurre, no, no me encuentro bien, no sé…

Estoy intentando dar pena, trato de que me ofrezcan palabras de consuelo. Esas personas desconocidas y extrañas. Incluso agradecería que la mujer viniera hacia mí y me diera un abrazo.

Pero nada de eso ocurre.

Siento sus miradas, pero no hablan.

Sus miradas, no hablan.

No hablan nada.

La habitación me da vueltas.

Me levanto. Por primera vez en varios minutos giro la cabeza hacia ellos. Están más pálidos que cuando han llegado, casi cadavéricos, no parecen humanos.

Me miran a los ojos los tres, solo me miran.

Estoy empezando a emitir ruidos ininteligibles por la boca, no logro articular palabras, lo que quiero decir es “¡Fuera de aquí!”, pero no hay manera.

Entonces, con las manos temblorosas, descuelgo el teléfono a duras penas y marco un número:

—Ayud…

Poco después, se oyen pasos apresurados en el pasillo y un hombre uniformado entra por la puerta con la cara desencajada. Corro hacia él, me derrumbo a su lado y le cojo por las rodillas. Gimoteo y señalo con una mano a la familia.

El niño comienza a llorar por enésima vez y el padre le coge. La madre reacciona, se levanta y le hace arrumacos.

—¿Qué ocurre aquí? —dice el guarda que no cabe en su asombro. Me mira a mí y a la familia alternativamente.

Es el marido el que habla:

—¿Cómo pueden tener a una persona en estas condiciones atendiendo consulta? —pregunta con cierta alarma, pero sereno.

Levanto los ojos suplicantes hacia mi salvador, que está perdido sin saber que hacer. Me tapo la cara.

Escucho las ruedas de un carrito pasar por mi lado. Estoy en el suelo con la cabeza entre las rodillas, como haciendo una postura de yoga. Escucho una voz decir algo así como “lo siento”. Se cierra la puerta.

Me quedo en esa posición unos segundos o minutos, no soy consciente del tiempo. Cuando levanto la cabeza, espero encontrar la mirada reprobatoria o inquisitiva del guarda tratando de comprender, pero entonces me percato de que me encuentro sola en la consulta.

Estoy en un estado precario, pero logro rehacerme poco a poco. Voy al armarito donde están los blister que tengo guardados en caso de urgencia para los pacientes y elijo uno; me tomo tres pastillas. Cojo la agenda y suspiro al darme cuenta de que no me quedan más citas.

Me pongo el abrigo, me cuelgo el bolso y salgo del despacho. Todas las puertas a lo largo del pasillo están abiertas y en cada una hay un individuo con los brazos cruzados.



Lo recorro a una velocidad prudencial y con la cabeza gacha, no quiero parecer una desquiciada, aunque algo me dice que todo ese revoloteo tiene que ver conmigo.

Al llegar a la calle un aire frío se estampa contra mi cara. Me siento cada vez más tranquila, las pastillas van haciendo su efecto. Creo que ha empezado a llover, pero no me importa.



Mañana será otro día.



      

viernes, 10 de marzo de 2017

RECOMENDACIÓN DE LIBRO: LAS SOMBRAS DE QUIRKE de Benjamin Black.



LAS SOMBRAS DE QUIRKE (2016)

Benjamín Black (Irlanda, 1945)



 Creo que he dicho cientos o miles de veces que la novela negra es mi género favorito en la literatura. A veces, sobre todo si nos fijamos en novelas clásicas o incluso en el cine de los años cuarenta-cincuenta, pensamos en estas historias como algo estereotipado, plagadas de personajes perdidos, detectives al borde del precipicio, mujeres fatales que no se lo ponen nada fácil al protagonista, un asesinato por resolver, malos muy inteligentes con los que es complicado lidiar…, en fin, clichés del género que se utilizaron y se siguen utilizando con menor o mayor acierto.

A mí la novela negra clásica me encanta a pesar de estas convenciones. Pero creo que también hay que saber distinguir muy bien entre lo bueno y lo malo. Si leemos a Chandler, Hammett, Ross Macdonald o el precursor Wilkie Collins, quedaremos rendidos sin remedio. Con otros autores no nos pasará; siempre hay algo diferente en los grandes. Hay mucho donde escoger y hay que ser selectivo.

Esta introducción me sirve para poner en valor (una frase muy de moda ahora) este género que ha sido a veces un poco maltratado y considerado el hermano pobre dentro de la literatura. Sin embargo (y es una opinión personal) creo que las buenas novelas negras, las excelentes, son tan completas y complejas, tan redondas, que ni siquiera me atrevería a clasificarlas o etiquetarlas: tienen humor, amor, suspense, reflexiones acerca de la vida y de la muerte, problemas cotidianos, excelentes diálogos… ¿qué más se puede pedir para pasar un buen rato?




El gran escritor John Banville, además de escribir maravillosamente bien en todo aquello que se propone, ha creado un pseudónimo para escribir sus novelas detectivescas, Benjamín Black (su “hermano oscuro”), con el que inició hace unos años una serie de libros protagonizados por el patólogo forense Quirke.

Precisamente con Benjamín Black y su desorientado personaje, descubrí otro tipo de novela negra. Aunque sigue las normas clásicas y básicas, hay que decirlo, Black le da un pequeño giro al género.

Quirke no es un “detective” al uso en este tipo de historias (de hecho no es un detective) salvo por su condición, tal vez, de alcohólico. Se ve envuelto casi sin querer en las tramas, de la mano de su amigo policía Hackett.  

Sin embargo, ese deambular por el recorrido para encontrar las pistas que llevarán al desenlace final, se hará de una forma pausada, intercalada por fragmentos de la vida de los protagonistas, con meditaciones acerca de la vida y diálogos en bares y restaurantes. Black hace un repaso a toda una variopinta selección de personajes de la sociedad dublinesa de los años cincuenta, desde la clase más alta a la más baja. Y finalmente, nos adentraremos en el alma a la deriva de Quirke, un personaje traumatizado por su pasado, con sensaciones de culpabilidad, incapaz de gestionar sus emociones (esto que es muy de psicólogos), siempre con la impresión de que no forma parte de la vida que le rodea y caracterizado por una torpeza en sus relaciones  con los vivos, que quizás sea la causa de su profesión y de su obsesión por escudriñar los motivos de muertes violentas.

Una figura importante en este Dublín grisáceo, cargado de niebla,  y que aparecerá en todas las historias de la serie, aparte del inspector Hackett, será la hija de Quirke, Phoebe, a la que acaba de comunicar que es su padre, cuando ella creía que era su tío. Es un personaje muy interesante, sobre todo por la relación que establece con su “nuevo padre” y porque de alguna manera siempre se verá envuelta en las historias que  Quirke y Hackett intentarán desentrañar.

En esta última novela se cierran varios círculos iniciados en la primera (no es necesario leerla para entender las posteriores, pero yo sí lo recomendaría).

En Las sombras de Quirke, el forense decide regresar al trabajo tras una larga convalecencia. El cuerpo del joven Leon Corless (hijo de un activista sindical) aparece calcinado en su propio coche en lo que parece un simple accidente o un suicidio. Pero Quirke, tras la autopsia, sabe que algo no encaja y todo indica que ha sido asesinado. La historia le llevará a un pasado sombrío cuyas heridas no están del todo curadas. Benjamín Black le dará en esta novela una tregua a su críptico y solitario protagonista en forma de enamoramiento, pero también alguna que otra noticia triste. La trama se va desarrollando deliciosamente pausada, hasta un final que supondrá un cierre de capítulo en lo personal para el mismísimo Quirke.

La serie, totalmente recomendable, se compone de las siguientes novelas:

-El secreto de Christine.

-El otro nombre de Laura.

-En busca de April.

-Muerte en verano.

-Venganza.

-Órdenes sagradas.

-Las sombras de Quirke.