lunes, 2 de enero de 2017

MICRORRELATO: CAMBIO DE RUMBO



CAMBIO DE RUMBO



El autobús estaba aparcado en la plazoleta. “Necesitamos donantes: URGENTE”, decía el letrero plantado enfrente del vehículo. Desempleado, deprimido y con poco que ofrecer, me embarque en el asunto con la sana intención de ayudar.

Dos mujeres y un hombre esperaban de pie con los ojos desorbitados. Nada más verme me sentaron, me dieron una pastilla para ¿el dolor?, y sin preguntarme nada me introdujeron la vía.



"¡Vamos, levántese!", gritaba alguien. Me desperté de una especie de duermevela. Una de las mujeres se limpiaba con una servilleta, mientras la otra bebía un vaso de vino. Extraña escena. El hombre me señalaba la salida.

Llegué a casa mareado. Mi mujer aludió a mi aspecto cadavérico.

Nos sentamos a cenar. Me picaba el cuello. Ella estaba preciosa con sus labios color escarlata. Me acerqué. Cuando le miré la yugular, sonreí al percatarme de que ella también había ido a donar. Emocionados, nos dispusimos a disfrutar de la noche.



Microrrelato de terror finalista incluido en la antología Vampiros editado por ArtGerust.

jueves, 29 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE LIBROS: El caso del asesinato de Benson y Rey de picas.




Hoy traigo dos libros de temática negra pero muy diferentes entre sí. Uno al más puro estilo clásico. El otro un thriller oscuro y escalofriante.



EL CASO DEL ASESINATO DE BENSON (1926)

S.S. Van Dine (1888-1939)





S.S. Van Dine era el pseudónimo utilizado por Willard Huntington Wright para escribir novelas de detectives. Lo hizo a lo largo de algo más de diez años y tuvieron gran éxito comercial. Incluso fueron adaptadas a la radio y la televisión.

Están protagonizadas por un antiguo combatiente de la Primera Guerra Mundial. Un rico, presumido y elegante coleccionista de arte que en sus ratos libres ayuda al fiscal del distrito, Markham, a esclarecer asesinatos. Philo Vance, que así se llama, es una especie de Sherlock Holmes (salvando las distancias), irónico e inteligente, pero con una pedantería que a veces le hace un poco irritante. Restriega su intelectualidad en la primera ocasión que se le presenta, aludiendo a frases de escritores o filósofos.

Resuelve los casos en base a sus aptitudes psicológicas y considerando variables que la policía no tiene en cuenta. Incluso se permite la licencia de que los agentes bailen a su alrededor al ritmo que él marca.

En este caso, Markham pide a Vance que le ayude a resolver la muerte en extrañas circunstancias de Alvin Benson, agente de bolsa en Wall Street.

Philo Vance utilizará sus tácticas poco ortodoxas para ir desechando a sospechosos, confundir a la policía y finalmente poner en bandeja al culpable dando una lección de su método deductivo que deja a las fuerzas del orden en muy mal lugar.

El libro está basado casi exclusivamente en las pesquisas para llegar al asesino. Las descripciones son muy detallistas, con dibujos que nos ayudan a entender las ideas de Vance. Hay mucho dialogo irónico, divertido y agudo. También muchas convenciones sociales (recordemos que está escrito en 1926).

Es una novela sofisticada pero de fácil y ágil lectura. Un clásico perfecto del género.

Como último apunte, comentar que está editado por Reino de Cordelia e incluye como regalo Las 20 reglas de la Novela Policíaca ideadas por el mismo autor. Es curioso ver las pautas que antes utilizaban los escritores para escribir este tipo de novelas. Hoy en día, con la evolución del género, algunas han quedado un poco en desuso.

  

REY DE PICAS. UNA NOVELA DE SUSPENSE (2015)

Joyce Carol Oates (1938)





Esta prolífica escritora neoyorkina con más de cincuenta novelas, libros de poesía y cientos de relatos a sus espaldas, es una de las grandes de la literatura contemporánea estadounidense.

En esta magnífica novela nos adentramos en lo más oscuro del alma humana. Un viaje siniestro sin retorno a la locura, en el que descubriremos hasta que punto la mente puede desquiciarse sin remedio.

Andrew Rush es un escritor de novelas de misterio de éxito, que vive una vida sin sobresaltos aparentes en un pueblo de Nueva Jersey. Tiene un secreto que nadie sabe y es que, con el pseudónimo Rey de picas, escribe otro tipo de libros, escalofriantes y tétricos, que con su verdadero nombre no se atrevería a publicar ya que su inmenso público no los aceptaría.

Un día recibe una citación judicial. Ha sido demandado por una mujer de avanzada de edad que le acusa de haberla plagiado.

En este punto es cuando la vida y la mente del protagonista empiezan a resquebrajarse. Alucinaciones, diálogos internos, desdoblamiento de personalidad…, comienza un periodo de pesadilla al más puro estilo de E.A. Poe, pero con un toque moderno acerca de los estragos de la fama. También es curiosa la influencia de Stephen King, cuyo nombre aparece a lo largo de todo el libro.

Un thriller psicológico elegante, vertiginoso y lleno de suspense,  que se lee de un tirón.


lunes, 26 de diciembre de 2016

MICRORRELATO: LA DIOSA MANANTIAL



LA DIOSA MANANTIAL



Las premoniciones de Paquito siempre eran de lo más apasionantes: antes del canto del gallo, en la madrugada del solsticio de primavera, la mudita Rosario hablará. Y así fue. Pasados treinta días del domingo de Resurrección, un hombre de cincuenta años caerá fulminado en la plaza del pueblo. Y así fue como Pedro murió de un infarto.

Pero aquello era distinto. El semblante de Paquito era el de un muerto en vida. Subió a la tarima, especialmente diseñada para él, y se dirigió a sus vecinos: "Algo terrible se acerca, queridos, ¡una maldición o una plaga enviada por Dios! En tres días el pueblo se tornará rojo".


A los tres días, todas las casas estaban cerradas a cal y canto, menos una, la de Reme y Manuel. Ajenos a todo, estaban discutiendo. Él bravucón, ella sumisa. En un arrebato, él cogió un cuchillo y se lo hincó a Reme en el vientre. Ella abrió los ojos de par en par. La sangre empezó a manar, primero a chorros, luego en arroyada, hundiendo la casa, atravesando las puertas y las ventanas, y alcanzando la calle. El pueblo y el río se tiñeron de rojo. Fue tal la inundación, que era imposible salir fuera.

Entonces Reme se puso en pie con decisión. No tuvo que hacer nada, Manuel aterrado se tiró por la ventana y murió ahogado.

Después, aunque se sentía débil, nadó hasta la cocina y cogió un vaso; bebió de su propia sangre para reponer fuerzas.


Este relato forma parte de la Antología del Concurso de Microrrelatos Homenaje a Gabriel García Márquez, organizado por la editorial Ojos Verdes Ediciones.

jueves, 22 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE PELÍCULA: Los cuatrocientos golpes. La Nouvelle Vague francesa.



LOS CUATROCIENTOS GOLPES-1959

Françoise Truffaut (1932-1984)



En 1959, en el Festival de Cannes, esta película obtendría el premio a mejor película y se iniciaría en Francia un periodo en el cine, corto en el tiempo, pero decisivo para el cine francés: la Nouvelle Vague.

A pesar de su corta vida (1958-1962) a este movimiento quedarán vinculados numerosos directores tan dispares como: el propio Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer, Claude Chabroll, etc. Directores, unos más experimentales, y otros como Truffaut, que apostarán por un cambio en la temática pero siempre con el tono de cine clásico.





Los Cuatrocientos golpes es un largometraje de escaso presupuesto, que nos cuenta un fragmento de vida de un chaval de unos catorce años, Antoine, plasmado en sus peripecias por la Francia de los años cincuenta. Se trata de una película con tintes autobiográficos donde Truffaut nos proyecta partes su infancia-adolescencia: ausencia de padre natural, frialdad de la madre, amor por el cine,  Balzac, y una especie de querencia por el libre albedrío que se traduce en incursiones del protagonista en la delincuencia a pequeña escala.

Los actores, sobre todo  Jean Pierre-Léaud que encarna a Antoine Doie , se caracterizarán por una gran espontaneidad. Este actor apenas será conocido fuera del cine de Truffaut.

Aunque la película es toda naturalidad y evita la dramatización  utilizando incluso el humor a lo largo de su metraje, también podemos leer entre líneas ciertas cuestiones que preocupaban al director en aquella época: el papel de la familia y las instituciones docentes de la época.  Y, como no, la indiferencia de la sociedad hacia las tragedias humanas.





Antoine es un chaval perdido que no encuentra el modo de encajar en la vida. Está hastiado de la escuela, donde no encuentra más que profesores trasnochados, rígidos y patéticos.  Sin embargo, es un amante de la vida y de la libertad (no hay más que ver la escena en la que sus padres le llevan al cine y su cara es la viva expresión de la felicidad). Sus progenitores, hartos de sus ausencias de la escuela y sus pequeñas fechorías, deciden acudir a la policía. Al final lo ingresan en un Centro de Observación de Menores Delincuentes.





Hay dos escenas memorables y conmovedoras en esta película:  la primera es cuando Doinel, privado de su libertad, es llevado en un furgón de la policía por las calles de París y el chico llora observando la ciudad mientras se aleja de ella.

La segunda es un interminable travelling de Antoine cuando se escapa del centro hacia ninguna parte y corre y corre…, hasta llegar a una playa y la imagen de la cara de angustia del joven se congela.



 Truffaut y Leaúd harían otras cuatro películas juntos, pero ninguna superaría a Los Cuatrocientos golpes.

  

domingo, 18 de diciembre de 2016

RELATO: EL COLUMPIO


EL COLUMPIO


         Tres, dos, uno..., ya. Acababa de producirse el primer golpe. Y aunque parezca absurdo, en lo primero que pensó Emilio en ese instante fue en el libro de autoayuda que había leído poco antes de salir de la cárcel esa mañana, Ser feliz con los pequeños momentos. Se encontraba en una circunstancia poco apetecible. Le estaban moliendo a palos en un callejón oscuro y poco frecuentado. Era un gran momento y no era feliz.

         Dejó esos pensamientos para más adelante. Puso su mente en blanco, su cuerpo blando, y esperó a que acabara la paliza. Minutos más tarde, cuando aquellos personajes se fueron, se quedó en una semiinconsciencia que incluso podría haber sido placentera, sino fuera por el zumbido que emitía su oído y que no auguraba nada bueno. Esperaba ese ajuste de cuentas por irse de la lengua, pero no tan pronto ni con esa fiereza.


         Bueno, ya estaba hecho. Todos en paz. Ahora a empezar una nueva vida.




         Al cabo de una hora se levantó e intentó enderezar su maltrecho cuerpo. Cojeaba ligeramente, pero no manifestaba síntomas de tener nada fracturado de importancia. Eso sí, parecía que el mar entero se había metido en su oído izquierdo, con sus peces, sus conchas, y su todo. Se lo taponó con un kleenex para frenar la sangre.


         Anduvo varios metros intentando aparentar normalidad, aunque a esas alturas todo aspecto relacionado con ser una persona normal se había esfumado de su vida para siempre. Con pasar desapercibido le bastaba. Su primer objetivo era conseguir dinero de una manera fácil pero legal. Ya había tenido suficiente con sus pequeñas incursiones en el mundo de los malos, de los malos ilegales, ya se entiende. Con cincuenta metros de alquiler y un trabajo apestoso descabezando anchoas en el puerto tendría suficiente. Pero hasta eso se le antojaba ambicioso. Primero necesitaría asearse un poco y encontrar algún sitio donde pasar unos días para amoldarse a su nueva vida en libertad. Dos años en el trullo no eran ninguna broma, pero estaba acostumbrado a una cama por la noche y a una comida caliente por el día. Pensó en varias alternativas, todas ellas nefastas. Se quedó con la que menos consecuencias podía acarrearle.


         Poco a poco el mareo se fue diluyendo y empezó a escuchar primero los agudos, luego los graves, y finalmente toda la sintonía callejera en un magnífico estéreo. No había sido para tanto después de todo. El sol hizo su aparición alejando los nubarrones que al principio de la jornada habían tronado prometiendo hacerse agua en cualquier momento.

         No tenía que caminar mucho para llegar a su primera parada, y el hecho de que un rayo de luz le cegara casi de forma agradable, le ayudó a tener una actitud positiva mientras llegaba al apartamento de Berta.


         No sabía lo que se iba a encontrar. La última vez que la vio estaba en unas condiciones lamentables, había sucumbido a todo, y en cuestión de meses se le habían echado encima veinte años de golpe. Vivía en una casa heredada de sus padres de la que solo salía para hacer algunas compras, y para quedar con él los días en que la soledad era demasiado poderosa. Nunca habían llegado a nada serio, no se habían prometido nada, por eso los nervios se apoderaron de él cuando llamó a su puerta.


         Antes de que abriera observó el cuidado y hermoso jardín con banco de madera barnizada incluido, que otrora había sido un cúmulo de rastrojos y hierbajos que crecía sin orden ni concierto por la fachada de la casa. Fue una primera y agradable sorpresa. Pero aún más agradable fue la segunda. Una espléndida mujer morena de cutis terso y maquillaje delicado le abrió la puerta. Le costó casi un minuto percatarse de que era la misma mujer que había dejado dos años atrás bebiendo y llorando en un destartalado sofá. Cuando los dos fueron conscientes de la situación sonrieron. Ella segura, él avergonzado. Una mujer hermosa y reconvertida. Un hombre desgraciado y perdedor. Estuvo a punto de darse la vuelta y echar a correr, pero ella le detuvo. Le cogió del brazo y le hizo pasar al apartamento mientras le tranquilizaba con una mirada serena.


         Una vez dentro le hizo sentarse en el sofá y le preparó un café. Estaba delicioso, tenía aromas de chocolate y miel y le ayudo a relajarse tras las primeras impresiones.

         —Es una mezcla de siete cafés arábica. —le comentó ella.

          Se sentó frente a él y le contó su vida. Estuvieron hablando durante una eternidad. Le dijo que tras los últimos años de desolación había encontrado la paz a raíz unas sesiones de psicoterapia cognitivo-conductual donde había adquirido las habilidades para enfrentarse a la vida de una manera positiva. Se puede aprender a ser feliz, esa era la filosofía. Emilio la miraba anonadado mientras ella se explicaba con una pasión en los gestos y en la voz que la hacían parecer la mujer más atractiva del mundo.

         —Me he cambiado de nombre, ahora me llamo Amina, significa calmada y sincera en árabe.

         Antes de que él dijera nada, le propuso quedarse en su casa hasta que encontrase un trabajo, "yo te ayudaré". Después, mientras se dejaba llevar en la bañera de hidromasaje, sus pensamientos le llevaron a creer que otro mundo era posible.


         Cenaron en el banco barnizado del jardín. Amina sacó una mesa portátil y puso encima una serie de platitos con diferentes exquisiteces que regaron con un vino tinto Gran Reserva. Emilio se fue imbuyendo poco a poco en un arrobamiento sin retorno. Las sonrisas pasaron a ser carcajadas. Tras la cena hubo un silencio de miradas vidriosas y ojos luminosos. Se encontró con sensaciones nunca antes experimentadas. Pensó en esas añoranzas que a veces se adueñaban de él. "Añoranzas de lo nunca conocido" creyó decirle a Amina. Esta sonrió, le cogió de la mano y le llevó al dormitorio.

         La inmensa cama de matrimonio estaba adornada con un dosel de gasa que le daba a la situación un aire de romanticismo que contrastaba con la practicidad y simpleza de noches añejas. La miró con cierta languidez y extraña melancolía y la beso con una intensidad inédita. Una especie de cosquilleo eléctrico recorrió su cuerpo. Entonces, con una calma nerviosa, se dirigieron a la cama.

         Después, Emilio se quedó en una apacible duermevela.




          Imágenes de su infancia le vinieron a la cabeza. Un columpio que su padre le había hecho con dos cadenas y una vieja madera. Unos susurros tranquilizadores de su madre en las noches de miedo, cuando era incapaz de conciliar el sueño. Una niña con pequitas que no hacía más que seguirle. Ese amigo fuerte y leal que prometió defenderle en una pelea desmedida. Las largas caminatas con su abuelo Rogelio, que le había enseñado todos y cada uno de los nombres de los árboles de la zona. El churrero, que siempre les daba un churro de menos y les cobraba una peseta de más. El viento y las olas. El pie sobre la roca. El salto temerario. Los tebeos y los cromos. Riñas y reconciliaciones. Cortes de pelo ridículos. El mar otra vez. Soñar, soñar...



         Abrió un ojo. Seguía en aquel callejón sombrío, pero ya no estaba solo. Caras desconocidas le rodeaban y le observaban. La sangre había formado un charco al lado de su cabeza. No sentía su cuerpo. Solo veía cabezas borrosas y escuchaba voces distorsionadas. Le pareció oír a alguien que murmuraba "¿está muerto?" Quiso decir algo pero no pudo. Su único contacto con la realidad era un ojo y un oído. Escuchó las sirenas de fondo. No podía ser la policía, él no había hecho nada, ya había saldado su cuenta con la justicia. Y también con los otros. Unas personas se le acercaron, "¿puedes oírnos? Apenas le noto el pulso... Por favor no se acerquen demasiado, déjennos actuar". Se sentía sorprendentemente sereno, con una inusitada tranquilidad. Débil pero en paz. Iba a cerrar su ojo, pero antes, se fijó de nuevo en la cafetería que tenía delante: Cafeterías Amina: cafés de todo el mundo. Entonces sí, decidió que era el momento de volver. Se sumió en la penumbra y cuando volvió a reaparecer de nuevo, ahí estaba el viejo columpio en el jardín de su casa. Se sentó en él y se meció estirando y flexionando las piernas. Arriba y abajo, arriba y abajo...


viernes, 16 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE UN LIBRO: Del color de la leche.


DEL COLOR DE LA LECHE (2014)
Nell Leyshon (1962)

Nell Leyshon no es una escritora muy conocida en nuestro país. Nació en Glastonbury (Inglaterra) y ha recibido numerosos premios a lo largo de su trayectoria literaria. Con esta novela corta obtuvo el premio que otorga el Gremio de Libreros de Madrid en 2014.




No recordaba qué es lo que me hizo leer este libro, pero ahora hojeándolo para hacer esta pequeña reseña o recomendación me he encontrado con este inicio espectacular:

éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.
en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos. veo los árboles y veo las hojas...
...me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe.



Esta es la historia de una niña de quince años que vive con su familia en una granja en algún lugar de Inglaterra a mediados del siglo XIX. Su color de pelo es "como el de la leche" y tiene una discapacidad física que la hace cojear. Viven en la miseria y la poca capacidad de recursos de que disponen, hace que el padre de la niña la mande interna a una casa, a cuidar a la enferma esposa de un vicario. Allí aprenderá a leer y a escribir de una manera precaria, y será protagonista y víctima de las luces y las sombras que habitan en esa casa.

En esta novela los personajes que acompañan a la protagonista parecen anestesiados y vacunados contra el dolor emocional.  Esto se hace patente sobre todo cuando los padres se "liberan" de Mary, y por lo tanto de una boca más a la que hay que alimentar, y apenas muestran sentimiento alguna ante la pérdida de su hija.
Todos, incluso la niña, aceptan estoicamente su existencia como algo que el destino ha querido, y no hay ninguna queja sobre ello. Tan solo el padre parece lamentarse de no tener hijos varones.





El tiempo pasa, y con ello las estaciones en este ambiente campestre, donde las tareas de la granja y el campo llenan todo el tiempo y hay poco espacio para las reflexiones. La novela se lee de un tirón gracias al lenguaje directo, sencillo, sin adornos ni florituras. En este caso no son necesarias.  

El libro tiene un final que te desgarra las entrañas. Las ganas y la necesidad de la protagonista de dejar por escrito lo que le ha pasado, una realidad que esconde una pesadilla siniestra, es enternecedora. Parece querer dar voz a esos que siempre callan, a los invisibles, a los que están al otro lado; el lado del oprimido. Y ella quiere hacerlo porque puede escribir, algo que estaba vetado en aquella época a los que tenían que servir al poderoso (y mucho menos a las mujeres).

Es como un poema rabioso, aunque esta rabia debemos intuirla y sentirla nosotros. Ya que a pesar de ser una historia amarga, tendremos la visión de una niña que parece " feliz" a pesar de todo, lo cual no deja de ser algo inquietante.
Lectura recomendable cien por cien.




martes, 13 de diciembre de 2016

MICRORRELATO: TRAS LOS LIBROS


TRAS LOS LIBROS

Todos lo viernes voy a la librería del barrio para verte. Tengo controlados tus horarios y movimientos, y sé a la hora exacta en la que vas a estar. Mientras llegas, recorro las estanterías, acaricio los lomos de los nuevos inquilinos y hojeo alguno. Entonces la puerta emite un tintineo y apareces con tu cara acalorada y sonrosada por la emoción. Mi objetivo allí es observarte; es mirar tus manitas que cogen el libro de animales, es atrapar tus ojos concentrados en las palabras de los cuentos, es contagiarme de tu entusiasmo. Tu padre, tan distinguido, te pregunta algo y vais a pagar la nueva adquisición. Nunca me reconoce porque me tapo con la capucha. Yo veo como os alejáis hasta que no sois más que un punto en el horizonte. Acto seguido me acerco al estante relativamente angustiada. Suspiro cuando me percato de que tu elección no se ha agotado.

Por la noche leo el libro despacio, capítulo a capítulo. Entonces entro en tu mundo de gigantes bonachones, de naves espaciales y mundos imposibles. Cierro los ojos y pienso: "Hasta el viernes, mi vida".