jueves, 29 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE LIBROS: El caso del asesinato de Benson y Rey de picas.




Hoy traigo dos libros de temática negra pero muy diferentes entre sí. Uno al más puro estilo clásico. El otro un thriller oscuro y escalofriante.



EL CASO DEL ASESINATO DE BENSON (1926)

S.S. Van Dine (1888-1939)





S.S. Van Dine era el pseudónimo utilizado por Willard Huntington Wright para escribir novelas de detectives. Lo hizo a lo largo de algo más de diez años y tuvieron gran éxito comercial. Incluso fueron adaptadas a la radio y la televisión.

Están protagonizadas por un antiguo combatiente de la Primera Guerra Mundial. Un rico, presumido y elegante coleccionista de arte que en sus ratos libres ayuda al fiscal del distrito, Markham, a esclarecer asesinatos. Philo Vance, que así se llama, es una especie de Sherlock Holmes (salvando las distancias), irónico e inteligente, pero con una pedantería que a veces le hace un poco irritante. Restriega su intelectualidad en la primera ocasión que se le presenta, aludiendo a frases de escritores o filósofos.

Resuelve los casos en base a sus aptitudes psicológicas y considerando variables que la policía no tiene en cuenta. Incluso se permite la licencia de que los agentes bailen a su alrededor al ritmo que él marca.

En este caso, Markham pide a Vance que le ayude a resolver la muerte en extrañas circunstancias de Alvin Benson, agente de bolsa en Wall Street.

Philo Vance utilizará sus tácticas poco ortodoxas para ir desechando a sospechosos, confundir a la policía y finalmente poner en bandeja al culpable dando una lección de su método deductivo que deja a las fuerzas del orden en muy mal lugar.

El libro está basado casi exclusivamente en las pesquisas para llegar al asesino. Las descripciones son muy detallistas, con dibujos que nos ayudan a entender las ideas de Vance. Hay mucho dialogo irónico, divertido y agudo. También muchas convenciones sociales (recordemos que está escrito en 1926).

Es una novela sofisticada pero de fácil y ágil lectura. Un clásico perfecto del género.

Como último apunte, comentar que está editado por Reino de Cordelia e incluye como regalo Las 20 reglas de la Novela Policíaca ideadas por el mismo autor. Es curioso ver las pautas que antes utilizaban los escritores para escribir este tipo de novelas. Hoy en día, con la evolución del género, algunas han quedado un poco en desuso.

  

REY DE PICAS. UNA NOVELA DE SUSPENSE (2015)

Joyce Carol Oates (1938)





Esta prolífica escritora neoyorkina con más de cincuenta novelas, libros de poesía y cientos de relatos a sus espaldas, es una de las grandes de la literatura contemporánea estadounidense.

En esta magnífica novela nos adentramos en lo más oscuro del alma humana. Un viaje siniestro sin retorno a la locura, en el que descubriremos hasta que punto la mente puede desquiciarse sin remedio.

Andrew Rush es un escritor de novelas de misterio de éxito, que vive una vida sin sobresaltos aparentes en un pueblo de Nueva Jersey. Tiene un secreto que nadie sabe y es que, con el pseudónimo Rey de picas, escribe otro tipo de libros, escalofriantes y tétricos, que con su verdadero nombre no se atrevería a publicar ya que su inmenso público no los aceptaría.

Un día recibe una citación judicial. Ha sido demandado por una mujer de avanzada de edad que le acusa de haberla plagiado.

En este punto es cuando la vida y la mente del protagonista empiezan a resquebrajarse. Alucinaciones, diálogos internos, desdoblamiento de personalidad…, comienza un periodo de pesadilla al más puro estilo de E.A. Poe, pero con un toque moderno acerca de los estragos de la fama. También es curiosa la influencia de Stephen King, cuyo nombre aparece a lo largo de todo el libro.

Un thriller psicológico elegante, vertiginoso y lleno de suspense,  que se lee de un tirón.


lunes, 26 de diciembre de 2016

MICRORRELATO: La diosa manantial.



LA DIOSA MANANTIAL



Las premoniciones de Paquito siempre eran de lo más apasionantes: antes del canto del gallo, en la madrugada del solsticio de primavera, la mudita Rosario hablará. Y así fue. Pasados treinta días del domingo de Resurrección, un hombre de cincuenta años caerá fulminado en la plaza del pueblo. Y así fue como Pedro murió de un infarto.

Pero aquello era distinto. El semblante de Paquito era el de un muerto en vida. Subió a la tarima, especialmente diseñada para él, y se dirigió a sus vecinos: "Algo terrible se acerca, queridos, ¡una maldición o una plaga enviada por Dios! En tres días el pueblo se tornará rojo".


A los tres días, todas las casas estaban cerradas a cal y canto, menos una, la de Reme y Manuel. Ajenos a todo, estaban discutiendo. Él bravucón, ella sumisa. En un arrebato, él cogió un cuchillo y se lo hincó a Reme en el vientre. Ella abrió los ojos de par en par. La sangre empezó a manar, primero a chorros, luego en arroyada, hundiendo la casa, atravesando las puertas y las ventanas, y alcanzando la calle. El pueblo y el río se tiñeron de rojo. Fue tal la inundación, que era imposible salir fuera.

Entonces Reme se puso en pie con decisión. No tuvo que hacer nada, Manuel aterrado se tiró por la ventana y murió ahogado.

Después, aunque se sentía débil, nadó hasta la cocina y cogió un vaso; bebió de su propia sangre para reponer fuerzas.


Este relato forma parte de la Antología del Concurso de Microrrelatos Homenaje a Gabriel García Márquez, organizado por la editorial Ojos Verdes Ediciones.

jueves, 22 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE PELÍCULA: Los cuatrocientos golpes. La Nouvelle Vague francesa.



LOS CUATROCIENTOS GOLPES-1959

Françoise Truffaut (1932-1984)



En 1959, en el Festival de Cannes, esta película obtendría el premio a mejor película y se iniciaría en Francia un periodo en el cine, corto en el tiempo, pero decisivo para el cine francés: la Nouvelle Vague.

A pesar de su corta vida (1958-1962) a este movimiento quedarán vinculados numerosos directores tan dispares como: el propio Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer, Claude Chabroll, etc. Directores, unos más experimentales, y otros como Truffaut, que apostarán por un cambio en la temática pero siempre con el tono de cine clásico.





Los Cuatrocientos golpes es un largometraje de escaso presupuesto, que nos cuenta un fragmento de vida de un chaval de unos catorce años, Antoine, plasmado en sus peripecias por la Francia de los años cincuenta. Se trata de una película con tintes autobiográficos donde Truffaut nos proyecta partes su infancia-adolescencia: ausencia de padre natural, frialdad de la madre, amor por el cine,  Balzac, y una especie de querencia por el libre albedrío que se traduce en incursiones del protagonista en la delincuencia a pequeña escala.

Los actores, sobre todo  Jean Pierre-Léaud que encarna a Antoine Doie , se caracterizarán por una gran espontaneidad. Este actor apenas será conocido fuera del cine de Truffaut.

Aunque la película es toda naturalidad y evita la dramatización  utilizando incluso el humor a lo largo de su metraje, también podemos leer entre líneas ciertas cuestiones que preocupaban al director en aquella época: el papel de la familia y las instituciones docentes de la época.  Y, como no, la indiferencia de la sociedad hacia las tragedias humanas.





Antoine es un chaval perdido que no encuentra el modo de encajar en la vida. Está hastiado de la escuela, donde no encuentra más que profesores trasnochados, rígidos y patéticos.  Sin embargo, es un amante de la vida y de la libertad (no hay más que ver la escena en la que sus padres le llevan al cine y su cara es la viva expresión de la felicidad). Sus progenitores, hartos de sus ausencias de la escuela y sus pequeñas fechorías, deciden acudir a la policía. Al final lo ingresan en un Centro de Observación de Menores Delincuentes.





Hay dos escenas memorables y conmovedoras en esta película:  la primera es cuando Doinel, privado de su libertad, es llevado en un furgón de la policía por las calles de París y el chico llora observando la ciudad mientras se aleja de ella.

La segunda es un interminable travelling de Antoine cuando se escapa del centro hacia ninguna parte y corre y corre…, hasta llegar a una playa y la imagen de la cara de angustia del joven se congela.



 Truffaut y Leaúd harían otras cuatro películas juntos, pero ninguna superaría a Los Cuatrocientos golpes.

  

domingo, 18 de diciembre de 2016

RELATO: El Columpio


EL COLUMPIO


         Tres, dos, uno..., ya. Acababa de producirse el primer golpe. Y aunque parezca absurdo, en lo primero que pensó Emilio en ese instante fue en el libro de autoayuda que había leído poco antes de salir de la cárcel esa mañana, Ser feliz con los pequeños momentos. Se encontraba en una circunstancia poco apetecible. Le estaban moliendo a palos en un callejón oscuro y poco frecuentado. Era un gran momento y no era feliz.

         Dejó esos pensamientos para más adelante. Puso su mente en blanco, su cuerpo blando, y esperó a que acabara la paliza. Minutos más tarde, cuando aquellos personajes se fueron, se quedó en una semiinconsciencia que incluso podría haber sido placentera, sino fuera por el zumbido que emitía su oído y que no auguraba nada bueno. Esperaba ese ajuste de cuentas por irse de la lengua, pero no tan pronto ni con esa fiereza.


         Bueno, ya estaba hecho. Todos en paz. Ahora a empezar una nueva vida.




         Al cabo de una hora se levantó e intentó enderezar su maltrecho cuerpo. Cojeaba ligeramente, pero no manifestaba síntomas de tener nada fracturado de importancia. Eso sí, parecía que el mar entero se había metido en su oído izquierdo, con sus peces, sus conchas, y su todo. Se lo taponó con un kleenex para frenar la sangre.


         Anduvo varios metros intentando aparentar normalidad, aunque a esas alturas todo aspecto relacionado con ser una persona normal se había esfumado de su vida para siempre. Con pasar desapercibido le bastaba. Su primer objetivo era conseguir dinero de una manera fácil pero legal. Ya había tenido suficiente con sus pequeñas incursiones en el mundo de los malos, de los malos ilegales, ya se entiende. Con cincuenta metros de alquiler y un trabajo apestoso descabezando anchoas en el puerto tendría suficiente. Pero hasta eso se le antojaba ambicioso. Primero necesitaría asearse un poco y encontrar algún sitio donde pasar unos días para amoldarse a su nueva vida en libertad. Dos años en el trullo no eran ninguna broma, pero estaba acostumbrado a una cama por la noche y a una comida caliente por el día. Pensó en varias alternativas, todas ellas nefastas. Se quedó con la que menos consecuencias podía acarrearle.


         Poco a poco el mareo se fue diluyendo y empezó a escuchar primero los agudos, luego los graves, y finalmente toda la sintonía callejera en un magnífico estéreo. No había sido para tanto después de todo. El sol hizo su aparición alejando los nubarrones que al principio de la jornada habían tronado prometiendo hacerse agua en cualquier momento.

         No tenía que caminar mucho para llegar a su primera parada, y el hecho de que un rayo de luz le cegara casi de forma agradable, le ayudó a tener una actitud positiva mientras llegaba al apartamento de Berta.


         No sabía lo que se iba a encontrar. La última vez que la vio estaba en unas condiciones lamentables, había sucumbido a todo, y en cuestión de meses se le habían echado encima veinte años de golpe. Vivía en una casa heredada de sus padres de la que solo salía para hacer algunas compras, y para quedar con él los días en que la soledad era demasiado poderosa. Nunca habían llegado a nada serio, no se habían prometido nada, por eso los nervios se apoderaron de él cuando llamó a su puerta.


         Antes de que abriera observó el cuidado y hermoso jardín con banco de madera barnizada incluido, que otrora había sido un cúmulo de rastrojos y hierbajos que crecía sin orden ni concierto por la fachada de la casa. Fue una primera y agradable sorpresa. Pero aún más agradable fue la segunda. Una espléndida mujer morena de cutis terso y maquillaje delicado le abrió la puerta. Le costó casi un minuto percatarse de que era la misma mujer que había dejado dos años atrás bebiendo y llorando en un destartalado sofá. Cuando los dos fueron conscientes de la situación sonrieron. Ella segura, él avergonzado. Una mujer hermosa y reconvertida. Un hombre desgraciado y perdedor. Estuvo a punto de darse la vuelta y echar a correr, pero ella le detuvo. Le cogió del brazo y le hizo pasar al apartamento mientras le tranquilizaba con una mirada serena.


         Una vez dentro le hizo sentarse en el sofá y le preparó un café. Estaba delicioso, tenía aromas de chocolate y miel y le ayudo a relajarse tras las primeras impresiones.

         —Es una mezcla de siete cafés arábica. —le comentó ella.

          Se sentó frente a él y le contó su vida. Estuvieron hablando durante una eternidad. Le dijo que tras los últimos años de desolación había encontrado la paz a raíz unas sesiones de psicoterapia cognitivo-conductual donde había adquirido las habilidades para enfrentarse a la vida de una manera positiva. Se puede aprender a ser feliz, esa era la filosofía. Emilio la miraba anonadado mientras ella se explicaba con una pasión en los gestos y en la voz que la hacían parecer la mujer más atractiva del mundo.

         —Me he cambiado de nombre, ahora me llamo Amina, significa calmada y sincera en árabe.

         Antes de que él dijera nada, le propuso quedarse en su casa hasta que encontrase un trabajo, "yo te ayudaré". Después, mientras se dejaba llevar en la bañera de hidromasaje, sus pensamientos le llevaron a creer que otro mundo era posible.


         Cenaron en el banco barnizado del jardín. Amina sacó una mesa portátil y puso encima una serie de platitos con diferentes exquisiteces que regaron con un vino tinto Gran Reserva. Emilio se fue imbuyendo poco a poco en un arrobamiento sin retorno. Las sonrisas pasaron a ser carcajadas. Tras la cena hubo un silencio de miradas vidriosas y ojos luminosos. Se encontró con sensaciones nunca antes experimentadas. Pensó en esas añoranzas que a veces se adueñaban de él. "Añoranzas de lo nunca conocido" creyó decirle a Amina. Esta sonrió, le cogió de la mano y le llevó al dormitorio.

         La inmensa cama de matrimonio estaba adornada con un dosel de gasa que le daba a la situación un aire de romanticismo que contrastaba con la practicidad y simpleza de noches añejas. La miró con cierta languidez y extraña melancolía y la beso con una intensidad inédita. Una especie de cosquilleo eléctrico recorrió su cuerpo. Entonces, con una calma nerviosa, se dirigieron a la cama.

         Después, Emilio se quedó en una apacible duermevela.




          Imágenes de su infancia le vinieron a la cabeza. Un columpio que su padre le había hecho con dos cadenas y una vieja madera. Unos susurros tranquilizadores de su madre en las noches de miedo, cuando era incapaz de conciliar el sueño. Una niña con pequitas que no hacía más que seguirle. Ese amigo fuerte y leal que prometió defenderle en una pelea desmedida. Las largas caminatas con su abuelo Rogelio, que le había enseñado todos y cada uno de los nombres de los árboles de la zona. El churrero, que siempre les daba un churro de menos y les cobraba una peseta de más. El viento y las olas. El pie sobre la roca. El salto temerario. Los tebeos y los cromos. Riñas y reconciliaciones. Cortes de pelo ridículos. El mar otra vez. Soñar, soñar...



         Abrió un ojo. Seguía en aquel callejón sombrío, pero ya no estaba solo. Caras desconocidas le rodeaban y le observaban. La sangre había formado un charco al lado de su cabeza. No sentía su cuerpo. Solo veía cabezas borrosas y escuchaba voces distorsionadas. Le pareció oír a alguien que murmuraba "¿está muerto?" Quiso decir algo pero no pudo. Su único contacto con la realidad era un ojo y un oído. Escuchó las sirenas de fondo. No podía ser la policía, él no había hecho nada, ya había saldado su cuenta con la justicia. Y también con los otros. Unas personas se le acercaron, "¿puedes oírnos? Apenas le noto el pulso... Por favor no se acerquen demasiado, déjennos actuar". Se sentía sorprendentemente sereno, con una inusitada tranquilidad. Débil pero en paz. Iba a cerrar su ojo, pero antes, se fijó de nuevo en la cafetería que tenía delante: Cafeterías Amina: cafés de todo el mundo. Entonces sí, decidió que era el momento de volver. Se sumió en la penumbra y cuando volvió a reaparecer de nuevo, ahí estaba el viejo columpio en el jardín de su casa. Se sentó en él y se meció estirando y flexionando las piernas. Arriba y abajo, arriba y abajo...


viernes, 16 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE UN LIBRO: Del color de la leche.


DEL COLOR DE LA LECHE (2014)
Nell Leyshon (1962)

Nell Leyshon no es una escritora muy conocida en nuestro país. Nació en Glastonbury (Inglaterra) y ha recibido numerosos premios a lo largo de su trayectoria literaria. Con esta novela corta obtuvo el premio que otorga el Gremio de Libreros de Madrid en 2014.




No recordaba qué es lo que me hizo leer este libro, pero ahora hojeándolo para hacer esta pequeña reseña o recomendación me he encontrado con este inicio espectacular:

éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.
en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos. veo los árboles y veo las hojas...
...me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe.



Esta es la historia de una niña de quince años que vive con su familia en una granja en algún lugar de Inglaterra a mediados del siglo XIX. Su color de pelo es "como el de la leche" y tiene una discapacidad física que la hace cojear. Viven en la miseria y la poca capacidad de recursos de que disponen, hace que el padre de la niña la mande interna a una casa, a cuidar a la enferma esposa de un vicario. Allí aprenderá a leer y a escribir de una manera precaria, y será protagonista y víctima de las luces y las sombras que habitan en esa casa.

En esta novela los personajes que acompañan a la protagonista parecen anestesiados y vacunados contra el dolor emocional.  Esto se hace patente sobre todo cuando los padres se "liberan" de Mary, y por lo tanto de una boca más a la que hay que alimentar, y apenas muestran sentimiento alguna ante la pérdida de su hija.
Todos, incluso la niña, aceptan estoicamente su existencia como algo que el destino ha querido, y no hay ninguna queja sobre ello. Tan solo el padre parece lamentarse de no tener hijos varones.





El tiempo pasa, y con ello las estaciones en este ambiente campestre, donde las tareas de la granja y el campo llenan todo el tiempo y hay poco espacio para las reflexiones. La novela se lee de un tirón gracias al lenguaje directo, sencillo, sin adornos ni florituras. En este caso no son necesarias.  

El libro tiene un final que te desgarra las entrañas. Las ganas y la necesidad de la protagonista de dejar por escrito lo que le ha pasado, una realidad que esconde una pesadilla siniestra, es enternecedora. Parece querer dar voz a esos que siempre callan, a los invisibles, a los que están al otro lado; el lado del oprimido. Y ella quiere hacerlo porque puede escribir, algo que estaba vetado en aquella época a los que tenían que servir al poderoso (y mucho menos a las mujeres).

Es como un poema rabioso, aunque esta rabia debemos intuirla y sentirla nosotros. Ya que a pesar de ser una historia amarga, tendremos la visión de una niña que parece " feliz" a pesar de todo, lo cual no deja de ser algo inquietante.
Lectura recomendable cien por cien.




martes, 13 de diciembre de 2016

MICRORRELATO: un amor a escondidas.


TRAS LOS LIBROS

Todos lo viernes voy a la librería del barrio para verte. Tengo controlados tus horarios y movimientos, y sé a la hora exacta en la que vas a estar. Mientras llegas, recorro las estanterías, acaricio los lomos de los nuevos inquilinos y hojeo alguno. Entonces la puerta emite un tintineo y apareces con tu cara acalorada y sonrosada por la emoción. Mi objetivo allí es observarte; es mirar tus manitas que cogen el libro de animales, es atrapar tus ojos concentrados en las palabras de los cuentos, es contagiarme de tu entusiasmo. Tu padre, tan distinguido, te pregunta algo y vais a pagar la nueva adquisición. Nunca me reconoce porque me tapo con la capucha. Yo veo como os alejáis hasta que no sois más que un punto en el horizonte. Acto seguido me acerco al estante relativamente angustiada. Suspiro cuando me percato de que tu elección no se ha agotado.

Por la noche leo el libro despacio, capítulo a capítulo. Entonces entro en tu mundo de gigantes bonachones, de naves espaciales y mundos imposibles. Cierro los ojos y pienso: "Hasta el viernes, mi vida".






sábado, 10 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE PELÍCULA: los inicios del Cine.


VIAJE A LA LUNA-1902
George Méliès (1861-1938)

Una película también se mide por su repercusión en la Historia del Cine, por ser pionera en muchos sentidos, por utilizar recursos nunca antes utilizados. Este es el caso de Viaje a la luna.



A George Méliés le encantaba el mundo de la magia y el ilusionismo y utilizó el cine para encarrilar sus pasiones. Siempre hay que agradecer a seres humanos como Méliés que tuvieron las agallas y las ganas para llevar a cabo sus proyectos. Sin ellos, es posible que el mundo del espectáculo no hubiera evolucionado de la misma manera. Con su productora Star Films rodó esta experimental y precursora cinta en 1902. Sin embargo, la empresa quebró y acabo trabajando en un negocio de juguetes.



Es el propio Méliès el protagonista de este film de apenas catorce minutos (algo insólito para aquella época cuando las cintas no sobrepasaban los dos minutos). Interpreta al profesor Barbenfouillis, y cuenta la historia de un grupo de astrónomos que hacen un viaje a la luna. Está basada originariamente en el relato de Julio Verne. Esta película muda, por supuesto, se considera una de las primeras superproducciones en el mundo cinematográfico y se compone de once secuencias que van, desde la reunión de los astrónomos, pasando por el aterrizaje en la luna, conocimiento de los selenitas y caída de la nave desde un precipicio al mar terrestre. Todas las escenas son grabadas en plano general y sin movimiento de cámara. Méliès, tan aficionado a la magia, usa sus "ilusiones" para crear las atmósferas necesarias: maquetas, transparencias, utilización de acuarios para la toma submarina, sobreimpresiones, etc. 


Estos efectos especiales pueden provocar una sonrisa al actual espectador, pero no debemos olvidar que está rodada a principios del siglo pasado y que hasta entonces casi todas las películas eran de no ficción o documentales. En ese sentido hay que considerar esta película como una adelantada a su tiempo y a la ciencia ficción, ya que es el origen de los pautas que se utilizarán más adelante en este género. Y también, como no, la iniciadora del cine como mero entretenimiento.




Además, todo ello está aderezado con un humor surrealista también inédito en aquella época: explosiones sin sentido o la nave cayendo a la luna sin tener en cuenta teorías de la gravedad, ni espacios ni tiempos. Y por supuesto, la imagen célebre y cómica de esta película, que es la luna representada por una cara humana (recordemos que la nave cae en un ojo exactamente).

La mejor manera de apreciar todos estos elementos es ver la película y ser testigos de los inicios de la Historia del Cine. Les dejo con Viaje a la luna de George Méliès:






miércoles, 7 de diciembre de 2016

RELATO DE SUPERVIVENCIA: Todo el mundo tiene su historia.


HÉROES EN SILENCIO

"De noche todo es diferente. Al desaparecer la luz, el alma puede sufrir de melancolía si no está lo suficientemente alimentada". Recordaba esta respuesta que su padre le repetía una y otra vez, cuando le preguntaba por esas lágrimas que recorrían sus rudas mejillas en los anocheceres de invierno. Su madre había fallecido dos meses antes, y su progenitor, incapaz de superar aquel zarpazo de la vida, fue cayendo poco a poco en una depresión, que le llevó en este orden, a la desesperación, a la locura, y finalmente a la muerte.
Tumbado en aquel roído colchón, rememoraba las vicisitudes de su infancia, cuando siendo hijo único, y sin familiares cercanos, se quedó huérfano de una manera fulminante. Sentía como aquel hecho traumático para un niño de diez años, había marcado su vida posterior de manera significativa. Se crió en un orfanato primero, y con una familia adoptiva después. Un conjunto desestructurado y sin recursos, que no le permitió estudiar más allá del bachillerato. Empezó a trabajar con su padre adoptivo como peón de albañil en la pequeña empresa de construcción que este tenía. Cuando las vacas flacas hicieron su aparición, la empresa tuvo que cerrar. Con cincuenta años, sin poder independizarse, todavía vivía con esta familia, compuesta a esas alturas, por dos ancianos, que casualidades de la vida, murieron también uno detrás del otro. Los otros hijos del matrimonio vendieron la casa, y le dieron una parte que él intuyó escasa, pero el apuro y la humildad le impidieron reclamar nada. Nunca habían ejercido de hermanos. Nunca más volvió a verlos.



Aquel dinero le sirvió para vivir de alquiler un par de años, pero pronto se esfumó, como casi todo en su vida. Y así, sin transición alguna, se vio directamente en la calle, con un perro y una mochila colgada en bandolera, como un personaje sacado de una novela de Dickens, pero doscientos años después. Es más, a él le gustaba llamarse Oliver, sin ser su verdadero nombre, en recuerdo del pequeño y desvalido huérfano del libro.
Oliver y Golfo compartían la humedad del jergón debajo del puente que estaba a las afueras de la ciudad. Cuando Oliver se quedaba embelesado recordando sus antiguas vivencias, Golfo le traía a la realidad con un ladrido enérgico y sonoro. A su amo le sorprendía el vigor de su perro, dadas sus circunstancias y se preguntaba de donde sacaba esa fuerza y vitalidad. A él, sin embargo, cada día le costaba más seguir el ritmo de la vida,  con su reuma, su artrosis, y sus problemas respiratorios.
Sabía que le convenía pasar las noches en los albergues, sobre todo en invierno, pero nunca había querido dormir allí. Algunas veces entraba para asearse un poco, pero eran sitios donde no acostumbraban a aceptar animales, y él era incapaz de traicionar a su fiel y leal amigo. Tan solo visualizar la imagen hipotética del perro tras la puerta del albergue con su mirada triste, mientras él entraba a acomodarse en una cama calentita, le encogía el corazón.
Vivía de la caridad, y aunque muchas de las personas que le auxiliaban le recordaban las ayudas que podría recibir de distintos organismos, no se veía a si mismo recurriendo a ellas. Tenía setenta años, y muchos sufrimientos a sus espaldas, pero era incapaz de presentarse en uno de aquellos edificios y pedir amparo. Había llegado un momento en que Oliver ya se sentía parte de la calle. Como un mobiliario urbano más, como un árbol más del parque. Creía que cada uno tenía su destino, y que a él le había tocado ese. Y aunque no era religioso ni supersticioso, pensaba que quizá estaba sufriendo alguna penitencia o castigo por algo que él, o su familia, habían hecho mal. Sin embargo no acertaba a saber el qué.



Muchas noches, cuando estaba un poco animado, se acercaba a los túneles abandonados por donde antiguamente había transitado un tren, y se entretenía charlando con sus colegas callejeros que había conocido en todos aquellos años. Hablaban alrededor de una fogata. Filosofaban, cada uno contaba su historia, recordaban amores pasados, y de vez en cuando, si había una botella de vino por medio, arreglaban el mundo. Se olvidaban que ese mundo no los incluía. A veces, se quedaban simplemente en silencio, mirando el fuego, y rascándose la barbilla, hasta que la última chispa se apagaba, y la oscuridad absoluta se apoderaba del momento. Entonces la mejor opción era meterse entre las mantas y los sacos, y dejar de rumiar pensamientos.



Pero aquel día Oliver se había quedado debajo del puente, el cuerpo no le obedecía como de costumbre, y el tiempo era desapacible. Golfo estaba tumbado encima de él, sabía que le gustaba que hiciera eso porque le daba calor. Se miraban a los ojos. No necesitaban decir ni ladrar nada. Eran dos viejos amigos, dos criaturas en perfecta simbiosis. Adalides de la vida, campeones de la supervivencia, guerreros que luchaban cada día contra un ejército de fantasmas. Héroes anónimos que no esperaban nada. Animales libres, entre la multitud perdida y a merced de la corriente.

Al amanecer, cerraron los ojos.


lunes, 5 de diciembre de 2016

RECOMENDACIÓN DE UN LIBRO: un entretenimiento hecho arte.


PESADILLA EN ROSA (1964)
John D. MacDonald (1916-1986)

He leído dos novelas de John D. MacDonald y lo mejor que puedo decir es que son puro entretenimiento (una palabra un poco denostada y desprestigiada cuando es una de las mejores cosas que se puede decir de un libro).



Adiós en azul y Pesadilla en rosa están protagonizadas por un curioso detective-vividor, Travis McGee, que vive en un barco en Florida y se mantiene como puede, al día,  con los casos que van surgiendo. Como en otras muchas novelas de temática negra, a veces estos sucesos se quedan en segundo plano cuando el escritor nos muestra un alarde de creatividad narrativa, un ingenio desbordante, unos diálogos jocosos y divertidos que nos mantienen con una sonrisa en la boca durante gran parte de la aventura. Todo ello salpicado por reflexiones puntuales sobre la vida y el ser humano que no dejan de ser por lo menos interesantes:

"Hasta el momento en que la población de langostas alcanza una determinada densidad, estas actúan como saltamontes. Cuando se llega al punto crítico, se vuelven agresivas, se convierten en una plaga e intentan devorar el mundo. Nosotros también no estamos acercando a este punto crítico. No tardará en llegar el momento en que cuando dos desconocidos choquen en pleno mediodía en alguna calle de Nueva York, no se limiten a gruñirse y seguir cada uno su camino: se detendrán, se mirarán fijamente y saltarán al cuello del otro en medio de un aterrador silencio. Y la infección se extenderá por la ciudad. Las ancianas aplastarán cráneos con sus mortíferos bolsos. Los coches invadirán las concurridas aceras. Los conductores acelerarán sus automóviles y se estrellarán. El fenómeno se extenderá..."




En este ocasión Travis MacGee acepta hacerle un favor a un antiguo compañero de armas: el prometido de su hermana ha muerto en extrañas circunstancias y tiene que viajar a Nueva York para intentar esclarecer el suceso. Todo indica que la empresa en la que trabajaba el fallecido está detrás de la historia.

La novela se puede diferenciar en dos partes claramente. En la primera, más socarrona y jovial, el protagonista se dedica a buscar indicios y a enamorarse de Nina, la hermana de su amigo.
La segunda parte la historia da una vuelta de tuerca y nos adentramos en un mundo siniestro y oscuro. Es cuando el título adquiere sentido, ya que efectivamente, es una "pesadilla en rosa", una pesadilla grotesca de la que parece difícil salir.

MacDonald es un escritor fascinante y crea atmósferas de suspense magnífico. Sus libros son joyitas que no hay que dejar escapar.




viernes, 2 de diciembre de 2016

PREMIO LIEBSTER AWARD



PREMIO LIEBSTER AWARD







Agradecimiento:

Me siento muy agradecida por haber sido nominada al premio Liebster Award por Raúl Ariel Victoriano y su blog de relatos HASTA QUE EL ESPLENDOR SE MARCHITE, http://hastaqueelesplendorsemarchite.blogspot.com.es/.
Acabo de aterrizar como quien dice en este mundo de los blogs y para mí ha sido todo un placer encontrar a escritores como Ariel, que deben amar mucho la escritura porque si no, sería imposible crear los maravillosos relatos que nos muestra en su estupendo blog. ¡Muchas gracias, Ariel!


Reglas:

Para aquellos nominados que no las conozcan y estén interesados en saber sobre las reglas oficiales de este premio, les dejo aquí el siguiente enlace:
1. Agradecer al blog que te ha nominado. 
2. Responder a un cuestionario que integra 11 preguntas.
3. Nominar a 5, 11 o 20 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
4. Avisar a los premiados de la concesión, bien en su blog o desde las redes sociales.
5. Formular 11 preguntas a cada blog que se ha nominado.

Mis nominados son:




Respuestas al cuestionario de mi nominador:


1 ¿Cómo te decidiste a iniciarte en el mundo blogger?
La idea de llegar a gente. El poder compartir mis relatos y mis gustos literarios o culturales con otras personas y así animarlas, si es posible, a que se adentren en el mundo de los libros y la escritura.
2 ¿Haces tu blog por diversión?
Sí principalmente. Y también para encontrar gente que merezca la pena leer.
3 ¿Cuántos días a la semana escribes?
Casi todos los días. Es como una rutina. Aunque no siempre se materialice en algo publicable.
4 ¿Sobre qué disfrutas más escribiendo?
No tengo un genero fijo, pero a veces no puedo evitar meter cierta ironía (bien entendida) en mis relatos.
5 ¿A veces te dan ganas de corregir lo que has puesto, cuando ha pasado algún tiempo y lo vuelves a leer?
Sí, pero si es una cuestión de forma. El fondo es algo que escribí en su momento y por algo será.
6 ¿Llevas un orden para escribir, corregir y comentar?
Nada. Soy un desastre. Muy desordenada.
7 ¿Eres escritor o escritora? 
Escritora. O aficionada a escribir, mejor dicho.
8 ¿Qué sientes cuando te leen y te dejan un comentario?
Para mí es algo increíble que alguien dedique unos segundos o minutos a leer algo mío y me deje algún comentario. A veces, ni me lo creo.
9 ¿Tienes alguna de tus entradas en tu blog a la cual le tienes un cariño especial?
No especialmente. Cada una tiene su porqué.
10 ¿Te disgusta que te pongan un comentario negativo?
Mentiría si dijera que no. Pero todo es bienvenido si es con respeto.
11 ¿Te esperabas el premio?

Pues no la verdad. Llevo muy poco tiempo en este mundo (algo más de dos meses) y hasta ahora todo han sido buenas noticias. No tengo más que palabras de agradecimiento.


Mis preguntas para los nominados son:


1- ¿ Por que decidiste hacer un Blog?

2- ¿Cada cuánto tiempo sueles publicar en tu blog?

3- ¿Te gusta curiosear blogs de otras personas con el único fin de encontrar gente interesante?

4- ¿Te gusta escribir de algún tema en particular?

5- ¿Te documentas mucho a la hora de escribir de ciertos temas?

6- ¿Qué sientes cuando te leen y te dejan un comentario?
7-¿Qué consejo darías a alguien que quiere abrir un blog?

8- ¿Te gusta escribir todos los días aunque sea para ti mismo/a?

9- ¿Te disgusta que te pongan algún comentario negativo?

10- ¿Tienes alguna de tus entradas en tu blog a la cual le tienes un cariño especial?
11- ¿Te esperabas el premio?